Lincoln

Habrá quien se pregunte qué necesidad tenía un director como Steven Spielberg en rodar una película tan densa, arriesgada y tan poco comercial como Lincoln (2012). Sin embargo, quien se haya embarcado en esta apasionada radiografía de uno de los presidentes más importantes de los Estados Unidos de América, sabrán la respuesta. Estamos ante una de esos largometrajes necesarios que, de cuando en cuando, nos regala un director que se mueve con inusitada soltura entre el blockbuster de calidad y las Lecciones de Historia: Lincoln emerge con fuerza dentro del segundo grupo, esa liga en la que juegan al mismo nivel Salvar al soldado Ryan (1998), La lista de Schindler (1993) o Munich (2005). Pero, ¿qué convierte al nuevo largometraje del estadounidense en algo imprescindible? Ante todo, el compromiso -ético y argumental: la fidelidad histórica es máxima- bajo el que están narrados los hechos; no es difícil intuir tras las cámaras a un Spielberg entusiasmado, absolutamente entregado con una propuesta que ha tardado en materializarse más de diez años, como si elaborar un retrato del Presidente que abolió la esclavitud, erradicó la servidumbre involuntaria y puso fin a la Guerra Civil Americana fuese casi una necesidad vital. 

Lincoln-teaser-trailer1

Spielberg, que se basa en el libro “Team of rivals: the political genius Abraham Lincoln”, de Doris Kearns Goodwin, nos sitúa a comienzos de 1865, dos años después de la reelección como presidente de Lincoln y en plenas entrañas del conflicto bélico. Escenario perfecto para filmar, más que una radiografía del mítico gobernante, el arduo proceso al que tuvo que enfrentarse para conseguir la igualdad de oportunidades entre negros y blancos con garantía constitucional. Un tarea arriesgada, qué duda cabe, de la que Spielberg sale airoso gracias en buena medida a la soberbia transmutación de Daniel Day-Lewis -a la altura de la fidedigna creación del pintor y escritor irlandés aquejado de parálisis cerebral Christy Brown en Mi pie izquierdo (Jim Sheridan, 1989)- en el emblemático político y el gran nivel de secundarios, con los siempre eficaces Sally Field, Tommy Lee Jones y Joseph gordon-Levitt –500 días juntos (Marc Webb, 2009)- a la cabeza. A la altura de las interpretaciones sobresale su apabullante nivel formal: Lincoln, en este sentido, es el ejemplo perfecto de la extraordinaria creación de una época. En esta ocasión, de uno de los capítulos más oscuros de la historia de los Estados Unidos. A la excelente composición de los planos, donde Spielberg demuestra seguir siendo un maestro a la hora de colocar a sus personajes  con el fin de obtener el encuadre perfecto, se suma su admirable ambientación, sustentada en el buen uso de los claroscuros -enfocados a imprimir de talante épico y vigor a su carismático personaje principal- y la fría atmósfera -a veces, eso sí,  excesivamente rígida-, y en la majestuosidad de sus escenarios interiores. En este sentido, es una lástima que Spielberg no se muestre igual de ambicioso en las escenas de exteriores, escasas y encorsetadas,  que en las que transcurren en lugares cerrados, mucho más elaboradas debido, quizá, al carácter inequívocamente intimista de un relato que no toma como prioridad el dirigirse a esas masas a las que Spielberg ha demostrado conocer muy bien con films tipo Parque Jurásico (1993) o la serie Indiana Jones (1981-2008).

A pesar de un principio enrevesado, Lincoln no tarda en coger forma y erigirse como la atractiva propuesta que finalmente es, por mucho que algunos de sus diálogos  puedan resultar excesivamente discursivos y sus debates un tanto rudimentarios. Resulta también subrayable el buen uso que se hace de los silencios, así como de la banda sonora del que ya puede considerarse mano derecha de su director, John Williams, que a través de una de sus más refinadas partituras consigue realzar no sólo los principales puntos de inflexión de la trama -como la mañana de la votación-, sino también una antológica escena final que, poniendo el broche de oro perfecto a la película, resume muy bien el espíritu de un personaje al que la obra muestra muestra de forma objetiva, esto es, con sus luces y sus sombras -la discusión con su mujer, Mary Todd, da buena fe de ello-. Asimismo, Spielberg da en el clavo al no dejarse tentar por el morbo, hecho especialmente remarcable en su decisión de no mostrar el asesinato del presidente. 

Lincoln-walking-away

A nadie le extrañaron las 12 nominaciones a los Oscar que atesoró una película revestida de alegato antibelicista que reúne todos los ingredientes que apasionan a la Academia: grandes actores, Historia, ambición, enjundiosas dosis de drama, apología de la política y, sobre todo, toneladas de sentimiento patriótico. Una buena combinación para uno de los trabajos más conseguidos de un director que, aunque no atravesaba su época de mayor lucidez, demuestra seguir en plena forma. 

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5 pensamientos en “Lincoln

  1. una mierda aburrida y politica, seguro que a la gente le ha gustado el politiqueo. nada comercial ahi el comadreo que se llevan los directores y actores en hollywood. que siempre se lo dan a los mismos.
    esto es una bazofia que dentro de 10 años nadie se acordara de la pelicula independientemente de los oscar que gane.

    • Está claro que Lincoln no puede jugar en la misma línea que otros clásicos del director…pero creo que es una muy buena película. Yo estaba bastante decepcionado por los últimos trabajos de Spielberg -especialmente ese Caballo de Batalla que no me gustó nada-, y en parte creo que es un cineasta sobrevalorado, pero LINCOLN es un ejercicio de cine perfecto. Con alguna película no tendríamos que estar de acuerdo Jose! jaja Un abrazo!

  2. la mejor pelicula de steven spilberg segun la gente que nos gusta el cine, y cuando hablo de cine hablo de cine “comercial” , no la badofia de los criticos que no las ve nadie. se llama la lista de shichler. alla quedaron peliculas buenas como ET. tiburon, el diablo sobre ruedas, hook y un largo etc… cuando spilberg abandono lo de ser director, ahora son comadrejas que se reparten el dinero de la academia goya de hollywood.

    • Has mencionado varias de mis películas de Spielberg favoritas, como “El diablo sobre ruedas”, que muy poca gente conoce y que ya analicé en este blog, por cierto. También me encantó TIBURÓN, una obra maestra del terror. Lincoln no está a la altura de ninguna de esas dos, pero no deja de ser en mi opinión una película redonda. Algo aburrida en algunos tramos, sí, pero muy buena. Pero pa gustos los colores.

  3. Excelente tu planteamiento de la película. Me ha encantado y, además, coincido plenamente contigo.

    Después de haberla reflexionado pienso, efectivamente, que es una película algo complicada de ver por su extensa y densa dialéctica. Creo que Spielberg ha querido hacer un film que despierte todo tipo de discurso en torno a su “discurso”.

    Puede ser una película fascinante para los que interesan de la política pero creo que no es el caso tuyo o mío. De todas manera quiero volver a examinarla y reparar en sus reflexiones porque puedes resultar muy interesantes en lo ideológico e incluso, en lo didáctico.

    Una de las apuestas más arriesgadas de Spielberg que el tiempo pondrá en su sitio. Aunque de primeras me echó un poco para atrás creo que con el tiempo ganará.

    Y mención aparte para todos esos maravillosos actores, ya no sólo Daniel Day Lewis sino una descomunal Sally Field que da una compostura dramática bastante importante al film.

    Y esos encuadres que describes “fetén”. Aquí es dónde se ve el gran director que es Spielberg. Todo lo tiene planificado, todo lo tiene calculado y, aunque sus películas resulten a veces más planas que una tabla de planchar son verdaderas obras pictóricas en movimiento. Ayuda, como no, el granito de arena de sus colaboradores habituales: Janusz Kaminski construyendo una fotografía tan fría y densa como la época en la que transcurre la acción y un John Williams que a través de su sencillo tema principal expresa con extrema y exquisita sutileza el nacimiento de una idea, de un hecho, o más bien de una nación.

    Nos vemos mañana ;).

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