Una pistola en cada mano

Nítido ejemplo del extraordinario estado de salud del que goza el cine patrio a nivel creativo -incluso en tiempos agitados-, Una pistola en cada mano (Cesc Gay, 2012) es la nueva pieza de orfebrería de uno de los realizadores más originales y honestos del actual panorama español. Como ya sucediera en sus espléndidas Ficción (2006) o En la ciudad (2006), el director barcelonés se muestra absolutamente comprometido con sus personajes, a los que transforma en seres de carne y hueso gracias a la riqueza de sus matices y al potente texto que se muestran empecinados en defender. Y es que todos y cada uno del impresionante reparto de Una pistola en cada mano hace un trabajo exquisito-a pesar de que los nombres de Luis Tosar y Ricardo Darín constituyan el mejor anzuelo publicitario del film-, otorgando grandes dosis de humanidad y respeto a sus roles. Gracias a su buen hacer, y también al engañosamente sobrio trabajo de dirección de un cineasta que demuestra su buen manejo -y la perfecta sincronía con el guión- de la escala de planos, el espectador no le queda otra que olvidar que está ante una obra de ficción y asumir que todo, absolutamente todo, es real. 

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Apoyándose en una seductora estructura de narración por capítulos -la película está integrada por un total de 6 piezas hilvanadas, a priori, únicamente de la temática que recorre de punta a punta el film, esto es, la ineficacia del género masculino frente al femenino-, Gay hace desfilar por Una pistola en cada mano una serie de situaciones cotidianas, absolutamente creíbles, con la que es fácil empatizar. Esta collage narrativa, que sigue el mismo esquema de la también notable, aunque inferior, 8 citas (Peris Romano & Rodrigo Sorogoyen, 2008) -también a la hora de desvelar en el capítulo final que todos sus integrantes varones están, de alguna manera, relacionados-, consigue salvar el principal escollo de otras historias corales manteniendo un nivel de calidad homogéneo entre todos sus episodios. En efecto, es imposible decantarse por cualquiera de las 6 historias, todas teñidas de ese ingrediente emocional tan difícil de conseguir -marca de la casa-, que van desfilando en el relato: nos enternecemos con el fracasado Eduard Fernández, envidiamos al triunfador Leonardo Sbaraglia, nos apiadamos del redimido Javier Cámara y, si pudiésemos, le daríamos un abrazo a Ricardo Darín y abofeteríamos a Eduardo Noriega. Es la magia de una película que, durante sus 95 minutos, se olvida de que es precisamente eso, una película, para transformarse en un espejo de la realidad social. Sin excesos, sin atropellamientos, siempre con el enternecedor objetivo de la cámara encima de sus protagonistas, en búsqueda permanente de detalles de este cóctel de personajes vulnerables que, de la forma más inocente del mundo, se ganan al espectador desde su primera aparición.

Basculando de forma envidible entre el drama y la comedia, la sensación que provoca Una pistola en cada mano es tan agridulce como la vida misma: hay espacio para el humor, sí, pero también para ofrece una pulcra y casi nostálgica mirada sobre esa generación de hombres mayores de 30 años que -a buenas horas- vienen a replantearse el sentido de sus vidas o, simplemente, andan en busca de un instante de felicidad, precisamente porque “nadie les avisó de que esto iba a ser así”. Todo construído en base a unos enfrentamientos dialécticos vivaces -nunca acaramelados ni manipuladores- que encierran detrás de cada palabra un eco nostálgico, como si pidieran a gritos que tuviésemos misericordia de ellos, de que la necesidad de que la vida les conceda una segunda oportunidad… o, quizá,  porque son conscientes de que, en el fondo, hay aspectos imposibles de cambiar. 

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Haciendo gala de una extraordinaria sobriedad formal y de un talento infinito a la hora de extraer todo el jugo a sus personajes, el principal arma emocional que usa Gay para conmover al personal es la honestidad con las que están construídas las frases de su guión; a través de ellas, además de regalarnos más de un giro narrativo bastante sorprendente, evidencia que hombría y virilidad son conceptos relativos, que los hombres adolecen de ese sexto sentido del que presumen las féminas -dentro de esa fina y atípica disección de las diferencias entre ambos sexos- y que, ante ciertos dilemas morales -culpas, arrepentimientos, medias verdades…- no hay una única opción de maniobra. En definitiva, un notorio ejemplo de cómo una pequeña película puede convertirse en un espectáculo para las masas, gracias a su apego con la realidad y a su amplio abanico de (emotivas) situaciones. Un triunfo.

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3 pensamientos en “Una pistola en cada mano

  1. He visto la peli esta tarde Pablo y me ha sorprendido. Me ha sorprendido por ese acercamiento a la realidad que comentas. O más que acercamiento, hecho.

    Y la realidad es cruel, como no. Me ha encantado ese sentido de humor que utiliza, muy sutil y sarcástico a la vez. En verdad creo que es una peli muy amarga porque desnuda algunas verdades sobre los hombres a cierta edad.

    Efectivamente, terminas teniéndoles lástima pero más por ver lo perdidos que están que por sus evidentes defectos y “olvidos”. Genial esa frase tuya de “a mangas verdes” (referido al momento en que muchos se replantean lo que han hecho con su vida y como ha sido ésta).

    Pero para mí fíjate que el detalle más importante de la peli es la verdadera necesidad de comunicarse, de hablar de los auténticos problemas que tenemos (me incluyo porque soy hombre, evidentemente). Los hombres, a cierta edad, es cierto que dejan toda esa responsabilidad a las mujeres (y éstas la cogen “gustosamente”, lo digo irónicamente). Nos centramos en conversaciones banales y superficiales que realmente están evitando un contacto con la realidad y las necesidades reales. Es una verdad muy dura, pero una verdad que la película sabe captar muy bien. Esto viene a señalarlo muy bien el personaje de Leonor Walting.

    Los actores magníficos todos. Otra cosa que me ha sorprendido mucho (y para muy bien) es que a través de un cuatro pinceladas Cesc Gay traza perfectamente a casi todos los personajes. Son cercanos, verosímiles y, sobre todo, muy entendibles tanto para mujeres como para hombres. Ese buen trato al personaje que comentabas.

    Una propuesta muy interesante que me ha hecho reflexionar.

    Nos vemos mañana.

    • Estaba convencido que esta película te iba a entusiasmar, sobre todo por la honestidad con la que está contada y porque tienes buen gusto!! Es una película que, aunque no deja muy bien parados a los hombres, los entiendes y los disecciona con mucha facilidad y, como bien apuntas, es tanto para los hombres como para las mujeres. Ambos sexos pueden disfrutar por igual con una película refrescante y conmovedora a partes iguales que, por encima de todo, es una drama más agudo de lo que parece.
      comparto contigo la necesidad de comunicarse que plantea la película y de cómo muchos problemas pueden llegar precisamente por esa falta de comunicación. Es una de las interpretaciones de la peli… me apetece volver a verla! Un abrazo compi !!!

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