En la casa

François Ozon, uno de los máximos renovadores del cine francés desde la década de los 90 gracias a  trabajos como Mi refugio (2009) o Amantes criminales (1998), volvió a demostrar, más que nunca, su admirable libertad creativa y su brillante ejercicio de estilo en la obra maestra En la casa (2012). Adicto también a escribir el guión de sus propias películas, el cineasta adapta la novela El chico de la última fila del dramaturgo español Juan Moyarga. Rica en sutilezas y matices, esta perturbadora pieza angular del cine galo es un relato que exige de un segundo visionado para capturar e interiorizar todo su conjunto de pliegues narrativos, que abarcan desde la aparente sutilidad hasta la imprevisibilidad más absoluta. Partiendo de la base temática de un joven que se adentra en la casa de un compañero de clase con el fin de inspirarse para unas redacciones encargadas por su profesor de literatura-con quién establecerá una extraña e insólita relación-, En la casa demuestra una habilidad asombrosa para transformar lo que comienza siendo un inocente juego sobre la amistad en una espiral donde se fusiona auténtico cine negro con el meramente contemplativo, donde nada es lo que parece y donde ni los personajes -ni el propio espectador- son capaces de discernir entre realidad y ficción.

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Pero lo que hace interesante al nuevo trabajo de Ozon no es tanto su asombrosa habilidad a la hora de plasmar en pantalla grande un relato ya de por sí original, sino cómo el cineasta convierte a En la casa en una película acerca del lenguaje: sobre cómo lo que no vemos tiene un peso infinitamente superior a lo que la cámara está dispuesta a mostrar, sobre cómo se puede alterar el tiempo narrativo sin trucos ni golpes efectistas y, sobre todo, como la red que va tejiendo el director de verdades y mentiras impiden dilucidar qué es qué. Ello da como resultado una obra empeñada en manipular a un desconcertado espectador que no deja de hacerse preguntas a medida que ese desconcertante “continuará” va consumiendo el metraje; preguntas que el film se niega a responder porque no admiten una única respuesta. Son éstas múltiples lecturas que se pueden hacer sobre la magnética y genialmente estructurada En la casa lo que la convierten en algo grandioso: desde una feroz crítica a la clase burguesa cuya máxima preocupación es instalar un cuarto de baño más en la mansión -y, en esencia, tan despedaza como esas muñecas de la infancia de la matriarca del clan-, hasta la cuidada cartografía de valores universales que ofrece -sexo, muerte, deseo, frustración…- o la estrecha relación de dos seres (profesor y alumno) condenados a entenderse mutuamente para escapar de sus propias y hastiadas realidades.

Pero el principal foco de atención de la película y lo que impregna cada una de las lecturas anteriores es la temática del vouyerismo, esa curiosidad innata de las personas por querer saber hasta los detalles más íntimos y escabrosos de la existencia de los demás. En esta línea, no es aventurado apuntar que el director sitúa al ser humano como esclavo de una sociedad más pendiente de la apariencia, del envoltorio, que de la cruda realidad. Ozon nos recuerda de qué irremediable manera dentro de cada uno de nosotros existe un voyear que, lejos de amordazarse, no sólo nos transforma en seres más pendientes de la vida ajena que de la nuestra sino, también, frustrado porque nunca sabrá a ciencia cierta cuántas de esas almas que habitan y se esconden en cada uno de los hogares de su entorno tienen el poder suficiente para reanimar, revivir la suya propia. Este lapidario mensaje, rematado por una imborrable escena final, termina de convertir a En la casa es una auténtica bomba de relojería, especialmente al hacernos replantearnos la cuestión de hasta qué punto el ser humano necesita imaginarse historias para sentirse vivo.

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Pero aún hay más: este cosmos metalingüístico del director, bebedor de obras tan dispares como La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954), El graduado (Mike Nichols, 1967), directores como Woody Allen o Ingmar Bergman o, incluso, algunas de su propia filmografía como Mi refugio (2009) -en cuanto a la homosexualidad- o Swimming Pool (2003) -en lo referido al proceso creativo literario-, también es imprescindible porque presenta la decadencia del sistema educativo, se adentra de forma ipso facta en la compleja psicología de unos personajes de marcada personalidad, rezuma tanta imaginación como esa nada casual galería de arte contemporáneo del film y ofrece un tour de force interpretativo imprescindible a cargo de Fabrice Luchini –Las chicas de la 6ª planta (Philippe Le Guay, 2010) y el igual de magnífico Ernst Umhauer. Por contra, quizá no se profundice como se debiera en la familia del joven protagonista -mostrada fugazmente en el tramo final-, algo que no empaña en absoluto una de las más premiadas propuestas de cine independiente de la última década -Concha de Oro y Mejor Guión en el Festival de San Sebastián incluidos-, en uno de los más decisivos e indescifrables eslabones de la brillante trayectoria del -aún desconocido para muchos- cine francés.  

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9 pensamientos en “En la casa

  1. Totalmente de acuerdo Pablo en todo lo que comentas. A mí también me llamó mucho la atención ese juego que establece con el espectador. Sí, somos unos mirones y a veces no podemos remediarlo. Me quedo con esa frase que pones, realmente brillante: “una auténtica bomba de relojería, especialmente al hacernos replantearnos la cuestión de hasta qué punto el ser humano necesita imaginarse historias para sentirse vivo”.

    ¡Enhorabuena!

    • Gracias por comentar el blog, Daniel! Me sirvió de mucho la conversación que mantuve contigo al finalizar la película porque te diste cuentas de cosas que a mí me se me habían escapado… desde luego que hay otras cosas que no me vi, así que necesito un segundo visionado urgentemente! jajaja Me alegro que te haya gustado la crítica! Por cierto… ¿qué tal Gigi? ¿Te puedes creer que aún no la he visto? Y según dicen que después de Cantando bajo la lluvia es el musical más mítico de la historia del cine. :S

      • Pues “Gigi” es una auténtica delicia Pablo. A mí me sorprendió muy gratamente. Era de los pocos musicales que aún no conocía. Y que nadie se espere una película romántica al uso.

        La película amén de la elegantísima dirección de Minnelli tiene un sentido del humor francamente fantástico. Se burla ligeramente, sin llegar a ser cruel, de las relaciones de pareja y lo idealizadas que están estas. Los números musicales, canciones no bailes, son de nuevo excelentes y los actores están de dulces. Louis Jordan una actor que he acostumbrado a ver en papeles muy serios exhibe una vena cómica realmente encantadora.

        Yo la recomiendo. Le puede sorprender a mucha gente, más aún cuando se esperen ver algo puramente romántico. Muy fresca, desenfadada y con ese delicioso sentido del humor. Hubo gente que incluso aplaudió al final.

  2. Me estoy aficionando mucho al cine francés. Me fascinó mucho esta película y reflexioné, si el muchacho protagonista tiene mucha imaginación o si es un desgraciado con la mala leche que tiene de manipular a la gente o en cada casa hay una historia que contar. Que gran escena la del final de la película.. Actuaciones muy buenas. Muy sorprendente

    • Yo estoy como tú, desde “The Artist” empecé a aficionarme al cine francés y no he parado… era un gran desconocido para mi pero junto al español o argentino es uno de mis favoritos. Como bien dices uno nunca sabrá si el protagonista es un loco perturbado o una persona falta de cariño… la escena final imborrable y con mil detalles donde fijarse! Un abrazo!

  3. Muy buena reseña, Pablo. Suscribo todo lo que has dicho. Me encanta la forma en que el director juega con el espectador, que llega a perder la noción de lo que es real y lo que no, igual que los personajes a través de los relatos del prota. Vi esta película ayer con Víctor y nos encantó. Se pueden hacer muchísimas lecturas sobre ella. Yo quería añadir la de la añoranza del ser humano de conseguir sus metas frustradas y ante la imposibilidad de hacerlo se ve obligado a vivirlas a través de los demás: el chico (falto de cariño y de una familia “normal”) al meterse en las vidas ajenas, el profesor que vive su sueño de ser escritor y de tener un hijo a través del chaval… Eso explica la necesidad que tenemos de escuchar nuevas historias que nos hagan soñar e imaginar. También es destacable que las dos mujeres, muy distintas entre sí, tengan tanto en común: una vida que les aburre y un marido que no las comprende. Al final te das cuenta de que las motivaciones más profundas de las personas tienen una misma raíz, aunque seamos muy diferentes unos de otros.
    La escena final es estupenda y deja claro que en cualquier parte hay una historia digna de ser contada. Lo importante es saber transmitirla.
    ¡Un abrazo!

    • Me ha gustado la frase de que “en cualquier parte hay una historia digna de ser contada; lo importante es saber transmitirla”. Me encanta que te haya gustado la película, sobre todo porque es uno de esos films que o te gustan mucho o los detestas. Es una película completa y agradezco esas nuevas lecturas que le das, como la de las metas frustradas que me parece muy acertada. También puede interpretarse como una fábula de la soledad, y cómo cuando se juntan dos seres “solitarios” no se quieren dejar escapar. De todas formas, cada uno podemos sacar múltiples interpretaciones…
      Gracias por tomarte la molestia de leerme y comentarme, por cosas así este trabajo tiene su sentido. Un abrazo fuerte Chechu!! 🙂

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