Casablanca

Obra cumbre de la historia del cine y uno de los títulos que mejor refleja la confrontación entre el sentimiento amoroso y el  netamente patriótico, el espíritu de Casablanca (Michael Curtiz, 1942) sigue más vivo que nunca a los 70 años de su estreno. Confeccionada con el material con el que se tejen las obras eternas, inmortales, estamos ante un poderoso romance ambientado en la convulsa época de la Segunda Guerra Mundial cuyo título hace referencia a la ciudad portuaria marroquí donde los miembros de la Resistencia contra el régimen alemán se refugiaban intentando huir del nazismo; uno de estos miembros es Victor Laszlo (Paul Henreid), cuya mujer, Ilsa (Ingrid Bergman) mantuvo un romance en el pasado con Rick Blaine (Humphrey Bogart), el administrador del local nocturno más famoso de Casablanca, el Café de Rick. Ambos integran un triángulo amoroso marcado en todo momento, además de por su carácter imprevisible –realzado por ese antológico y subversivo final, desafiante a los cánones románticos de la época, auténtica apología del idealismo por encima de todo-, por una intensidad dramática de muchos kilates.

Cómo olvidar la pulcra mirada de Bergman, de una autenticidad que abruma, al reencontrarse nuevamente con el gran amor que abandonó en París sin apenas explicaciones, o ese primer plano en el que la misma actriz, poseída por la nostalgia, le suplica al pianista Sam (Dooley Wilson) la eterna melodía de As time goes by, la banda sonora de un tiempo pasado que, sin duda, fue mejor. Basada en la obra teatral Everybody comes to Rick´s, nos encontramos, por tanto, ante una historia de dos enamorados que, tras separarse y, posteriormente, reencontrarse, la agitada realidad social amenaza con volverlos a distanciar a pesar de que su amor sea más fuerte que cualquier guerra, que el sonido de las bombas poco o nada pueda hacer contra el incesante rugir de sus corazones. El romance está tan genialmente plasmado como la propia personalidad de sus protagonistas, dos seres que han tenido que convivir con las heridas que provoca la incertidumbre y la distancia, consumidos por una pasión perdida pero nunca olvidada. Todo ello queda reflejado en frases de guión tan imborrables como: “El mundo se derrumba y nosotros nos enamorados” o “Ringo, bésame como si fuera la última vez”, citas quizá propias de un folletín barato, pero que en boca de Ingrid Bergman se transforman instantáneamente en algo mágico, quedando grabadas a fuego en el imaginario colectivo. Por tanto, a pesar de que la dura realidad social en la que se desarrolla el film sea decisiva para su inesperado desenlace, el contexto histórico queda relegado a un segundo plano en un relato dominado por la predilección de dos amantes y fuertemente impregnado por el valor del sacrificio, tema que recorre la cinta.

Casablanca es un film cuyo aliento épico y su más que virtuoso planteamiento formal se sitúa a la altura de Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939), quizá la película más mítica de todos los tiempos que también contaba con la música de Max Steiner, uno de los más célebres compositores de la historia. Y, aunque no logró los 9 Oscar de esta adaptación de la mítica novela de Margaret Mitchell, sí se alzó con los 3 galardones más destacables: Película, Director y Guión Adaptado, de un total de 8 nominaciones. Fue la recompensa a una película preservada en 1989 en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos que, a diferencia de Lo que el viento se llevó, no necesitó de grandes decorados ni exteriores: de hecho, fue filmada completamente en estudios -incluido el flashback parisino-, a excepción de la escena del aeropuerto, algo que confiere ese aire intimista, casi trascendental, que caracteriza a la producción. Y todo sin que sus productores, inmersos en la prolífica maquinaria hollywoodiense de la época, fuesen capaces de imaginar que estaban fraguando la obra maestra que Casablanca resultó ser; un título que iría ganando prestigio con el paso de los años. 

Apoyado en unos actores de carisma descomunal y regalándonos escenas de tan alto voltaje como la del himno francés, la Marsellesa –auténtica reivindicación de libertad y júbilo de un pueblo que no parece dispuesto a amordazarse ante la dictadura-, Curtiz comenzó a rodar su película sin que el guión estuviese terminado, algo que favoreció para que los actores plasmasen en la pantalla el desconcierto en el que se encuentran sumidos sus personajes -una pareja protagonista que, dicho sea de paso, no se soportaban en la vida real-. En cualquier caso, lo que hoy nadie duda es la idiosincrasia de una película a la que, como digo, aún se le puede seguir sacando jugo en su 70 cumpleaños. Y, cuando el resto de las películas no cumplan con nuestras expectativas, tranquilidad: siempre nos quedará Casablanca

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2 pensamientos en “Casablanca

    • yo la vi hace años y no me enteré de nada, y recientemente la he visto y me ha encantado!! Te va a gustar seguro! Cuando la ponga en la filmo vamos! Estas navidades vamos a prenderle fuego a la filmoteca, te lo digo yo! jajaja Un besazo!

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