Take Shelter

“La única porción de fortuna es la felicidad familiar”. Esta ilustrativa frase del pensador alemán Karl Marx es, quizá, el más acertado prisma desde el que observar ese complejo microcosmos de géneros, ese riada de significados, llamada Take Shelter (Jeff Nichols, 2011). Y es que este relato, triunfador en el circuito de festivales de cine independiente, constituye, dentro de ese recurrente argumento de situar a un seno familiar frente a una situación límite que sólo podrán superar si permanecen unidos, una de las más bellas alegorías de la unión familiar que este cronista es capaz de recordar. A medio camino entre el relato sobrenatural, el thriller, el drama social e, incluso, el terror, la ficción gira en torno a Curtis (Michael Shannon), un padre de familia casado y con una hija  sorda cuya idílica existencia se ve amenazada cuando, de la noche a la mañana, comienza a sufrir extrañas pesadillas. ¿Son reales lo que anuncian estas visiones o, por el contrario, son síntoma de un trastorno mental hereditario?

Este hombre corriente que, según avanza el film, se va revelando como alguien menos paranoico de lo que se nos quieren hacer creer, no es más que un rol con el que cualquiera puede identificarse: su máxima prioridad es proteger a su familia, a sus seres queridos, de una amenaza que parece inminente. Pero el personaje que encarna Shannon -actor que, dicho sea de paso, elabora una composición física y psicológica del mismo digna de Oscar-, es, ante todo, un profeta; un visionario capaz de presagiar todos los males que están por venir, sin importarle que el resto del mundo le tache de perturbado. Porque Take Shelter, en el fondo, no es más que una gran metáfora de todas y cada una de las desgracias que laten en la sociedad actual; una sociedad lastrada no sólo por una profunda crisis económica, sino también por una imparable falta de valores. Esa madre aquejada de esquizofrenia y esas visitas el médico no son más que trampas que usa el director para desviar el sentido de la trama porque…¿el eje central de la cinta es el estado mental del protagonista? ¿O quizá lo que nos debería inquietar, tal y como le sucede a Curtis, es la explosión de esa implacable realidad social -camuflada aquí en forma de metáfora- que, en efecto, iba a producirse independientemente del estado mental del protagonista? Nichols, en este sentido, es un hábil observador de la realidad, donde todo tiene cabida: desde una lacra social tan actual como el desempleo pasando por el cambio climático, la destrucción de la naturaleza o la escasez de los recursos naturales -de ahí que haya quien la interprete, además, como un alegato medioambiental, en el sentido de cómo la naturaleza se rebela ante el poder destructivo del hombre-. 

La solución que nos ofrece el director a la pregunta de si realmente estamos preparados para hacer frente a esta época de inquietud social y existencial en la que estamos inmersos pasa por superar el miedo; pero el miedo del que habla Take Shelter no es baladí o insustancial, sino que hace referencia a ese temor que se apodera del ser humano ante una amenaza desconocida, incontrolada; un sentimiento que ni nuestra propia raza es capaz de combatir si, primero, no goza del que es el otro gran asunto temático de la cinta: la comunicación. Y, muy especialmente, la que tiene lugar en las entrañas del clan familiar. Esta teoría sobre la que se apoya la cinta justifica el interés del director y guionista por recrearse en escenas como las de Curtis intentando aprender el lenguaje para sordomudos con el fin de entablar una mera conversación con su hija –no más sorda, por cierto, que una sociedad que se muestra reticente a escuchar sus verdaderos problemas, algunos de los cuales ya hemos citado– o que, por ejemplo, este mismo personaje demore tanto el hecho de confesar a su esposa un problema tan significativo como su trastorno mental. Llega hasta tal punto la falta de comunicación entre los tres miembros de la familia que hasta el propio matrimonio tienen incluso pánico a darse la mano… miedo, pues, hasta a la propia comunicación no verbal, que en este caso viene a significar un sentimiento tan primario como el afecto. 

Por tanto, la pregunta es clara: ¿Cómo podemos combatir este miedo irracional, afianzar la unión familiar y, por último, subsanar esa latente falta de comunicación? El inteligente método -de resonancias bíblicas- que propone el cineasta es el de encerrarse en un refugio -de ahí el título de la película, “resguardarse“- y enfrentarse cara a cara a estos leit-motivs que son los que mueven y dan sentido al film. Y, quién sabe, cuando salgan al exterior (después de haber tenido el valor de abrir la puerta), quizá no sean los mismos… pero a buen seguro que, cuando llegue de nuevo la tormenta final, dispondrán de las herramientas necesarias para hacerle frente.

En lo referido al nivel técnico la producción es intachable. Admirable lección de fascinación visual -la fotografía, la puesta en escena, unos efectos especiales casi inéditos en el cine independiente- y presa de un contagioso aroma de cine apocalíptico, cabe destacar también una tensión hábilmente administrada y en constante aumento conforme se consume el metraje, enmendando un comienzo un tanto repetitivo y algún alargamiento de escena más de lo estrictamente necesario. Pero por lo que Take Shelter quedará grabada en la memoria de los espectadores es por su compleja estructura narrativa y, sobre todo, por el amplio abanico de finales que ofrece  -sin olvidar el verdadero, aquel por el que llegamos a replantearnos, milagrosamente, todo el film-, aunque todos parecen apuntar a la misma dirección ya revelada por el fabulista griego Esopo hace miles de años: “la unión nos hace tan fuertes… como débiles la desunión”. Y, a pesar de su locura, eso lo sabía muy bien Curtis LaForche.

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2 pensamientos en “Take Shelter

  1. Para empezar, me pareció una película un poco lenta (odio las películas lentas). Creo, al igual que tú, que el director aprovecha la incertidumbre del protagonista (¿tiene una enfermedad mental hereditaria o es un profeta?) para exponer una serie de críticas sociales. La mayor, para mi gusto, la de ese sistema sanitario norteamericano que sólo te atiende cuando ya no tienes seguro. Ese trabajador incorporándose a su puesto enfermo sólo para que su hija no pierda la asistencia médica. Esos “profesionales” sanitarios gratuitos, que dejan sus puestos por uno mejor, abandonando al paciente a su suerte…

    También vi retazos de la crisis, personificada en el banquero que había dado mil préstamos en años anteriores y ahora no soltaba un dólar. Esa madre enferma, aislada desde el principio de los días. El sórdido vecindario. La inflexibilidad laboral, con ese jefe que, impasible, no admite que se llegue tarde al trabajo por tener que llevar a una hija al médico. Ese matrimonio “perfecto”, en el que ella esconde el dinero que gana para que no lo vea su marido… Hay mil lecturas sociales en esta película, quizá no demasiado bien integradas con el argumento principal. Lo mejor, las escenas de terror, realmente conseguidas.

    En resumen: Una película que entretiene poco y requiere mucha reflexión. El ‘anticine’ de palomitas. Prohibido verla en días de espesidad mental.

    Besicos, Pablo 🙂

    • Bueno…no sé por donde empezar. En primer lugar, agradecerte tu comentario, porque gracias a él me he percatado de detalles (en forma de críticas sociales) que se me habían escapado durante su proyección. En segundo lugar, también creo que es un tanto lenta, sobre todo en el tramo inicial y que las escenas de terror y los efectos especiales están muy currados. Creo que es una película que rompe con los cánones del cine independiente, sobre todo al tratarse de un film apocalíptico (real o imaginario, eso se deja a imaginación del espectador…). Y sí, opino igual que tú de que no es un film apto para cualquier tipo de público…ni para un día que quieras animarte la tarde! jajaja
      Un besazo!! 🙂

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