Siempre feliz

Carlo Bini decía que “la felicidad consiste siempre en saber engañarse”. Y, tras disfrutar de Siempre feliz (Anne Sewitsky, 2011), uno comprueba que al escritor italiano no le faltaba razón. La ópera prima de una de las directoras noruegas más importantes de los últimos años elabora una aguda radiografía de las relaciones de pareja y, en concreto, disecciona algunas de las causas que la contaminan, desde la pérdida de confianza hasta la falta de complicidad. Lo curioso del asunto es que la protagonista, Kaja (Agnes Kittelsen), disfraza la crisis de su matrimonio no sólo bajo la apariencia de pareja modélica, sino también con una aplastante felicidad. Conforme se va desgranando el metraje, se comprueba que la circunstancia de Kaja no es aislada, ya que  todo en conglomerado de personajes que componen esta cinta tan alejada de la maquinaria y los cánones hollywoodienses, viven en un permanente engaño, no sólo respecto a los demás sino hacia ellos mismos. Tienen, en verdad, pocos motivos para ser felices. Y, con la ilusión con la que escriben felicitaciones de navidad o el empeño con el que cantan en el coro del pueblo, parecen serlo. 

Siempre feliz esconde, bajo su apariencia de film frío y atípico, no sólo una aguda y triste reflexión acerca del amor y del desamor, sino también una profunda sátira acerca de las relaciones de pareja o de la búsqueda de la felicidad -situándose no muy lejos de la muy estimable American Beauty (Sam Mendes, 1999)-. Para ello Sewitsky se sirve, además de unas mesuradas interpretaciones y la fuerza de algunos de sus diálogos -las conversaciones entre los hijos de ambas parejas, con el tema nada banal de la esclavitud como telón de fondo o el discurso de Erick (Henrik Rafaelsen), marido de Afka, acerca del SIDA-, de unas extraordinarias localizaciones que funcionan como un personaje más de la película. Las significativas estampas nórdicas, a las que la cineasta saca el máximo partido a través de constantes planos generales, revelan una puesta en escena nada casual, como si de alguna manera la realizadora quisiese desarrollar las situaciones límites en las que coloca a sus personajes en un entorno aislado, muy alejado del contacto exterior. 

Dejando impreso desde el primer minuto de proyección -donde ya se nos revela el coro gospel que irá amenizando (y narrando) a capella una cinta con una gran y significativa carga musical, como el tema clásico Amazing Grace, un Ave María que acentúa el peso de la religión en la película o un Over the Rainbow de Israel “IZ” Kamakawiwo‘ole para unos personajes que convierten realidad los sueños que han soñado… en algún lugar sobre el arcoiris-, la frescura y la originalidad con la que está abordada este primer largometraje de una cineasta a la que habrá que seguir muy de cerca, Siempre feliz quizá provoque una inevitable sensación de déjà-vu al espectador, como si estos enredos de pareja y sus puzzles sentimentales le provocasen la sensación de haberlos vivido con anterioridad. Sin embargo, hay que reconocer que están narrados de una forma con la que es imposible no disfrutar; a este hecho contribuyen unos golpes de humor negro, algunos de ellos delirantes, muy por encima de la media y, también, el retrato que se nos ofrece de Afka, una de las antiheroínas más carismáticas y complejas que nos ha regalado el cine indie en años. 

Pero Siempre feliz, cinta ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Sundance y del galardón a la Mejor Película en el Festival de Sevilla, entre otros, es mucho más: es la demostración que se puede hacer cine sin grandes estrellas y bajo presupuesto; es la inclusión de un discurso de presidente Obama a pantalla completa -un recurso, por otro lado, también testimonial de la época- hablando sobre la libertad; vídeos de Youtube que esconden una realidad, quizá, no muy diferente a la que que existe en los mal llamados países civilizados o desarrollados; un cierto homenaje a La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock (1954); el eficaz retrato de unas personas que viven tras una implacable coraza -o una mascarilla hidratante, según se mire- o, por último, el oportuno y efectivo retrato que se hace de los niños, principales damnificados/víctimas de las irresponsabilidades de unos adultos que se revelan, en la mayoría de ocasiones, mucho más inmaduros que sus propios hijos. Y es que, al fin y al cabo, quizá tenga razón ese otro filósofo -Johann G. Fichte- cuando decía aquello de que “lo principal no es ser feliz, sino merecerlo”

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2 pensamientos en “Siempre feliz

  1. Gracias Pablo por descubrirnos películas tan atípicas como “Siempre Feliz”. La historia -sí, a pesar de amor, infelicidad y sexo- me ha parecido original, las interpretaciones buenas, con personajes llenos de matices….He disfrutado del frío paisaje, del sorprendente coro y de una protagonista/heroína que te va ganando poco a poco….Recomendable.

    • No sabes lo que supone para mí comentarios como el tuyo. Lo mejor que me pueden decir es que gracias a mi blog habéis descubierto películas que no conocíais y que, además, os han gustado. “Siempre feliz” es una película atípica que pasó totalmente desapercibida en nuestro país, pero que merece la pena reivindicar. Yo también disfruté mucho de sus helados paisajes y de su trasfondo, que hay mucho y muy bueno.
      Un beso!

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