Cinco metros cuadrados

Cuando oímos hablar de alguno de los males que padece la España actual, desde el desempleo hasta la burbuja inmobiliaria, en ocasiones olvidamos que detrás de estos titulares o cifras se esconden auténticos dramas humanos. Es por ello que, por encima de apartados formales y técnicos, el gran mérito de Cinco metros cuadrados (Max Lemcke, 2011), sea el de haber puesto rostro a una de las lacras más significativas de los últimos tiempos, que se ha cebado de forma incontrolable con nuestro país: la especulación inmobiliaria. El director de la estimable Casual day (2007), rueda, con tono seguro y convincente, un drama que llegó sin hacer ruido a nuestras carteleras, con una promoción más bien escasa y que, con el tiempo, se ha ido convirtiendo no sólo en una de las películas más frescas del panorama español, sino en un poderoso documento absolutamente comprometido sobre un drama que parece no tener fin; una pieza, pues, de incalculable valor que realiza una efectiva radiografía de uno de los pilares más sólidos de la actual crisis económica. 

Cuando Virginia (Malena Alterio) y Alex (Fernando Tejero) firman un contrato para comprar un piso sobre plano, situado a las afueras de la ciudad, no pueden imaginar que, en ese instante, están hipotecando sus vidas para siempre -en todos los sentidos-. Cuando a pocos meses del estreno de su vivienda descubren que ésta se encuentra sin terminar, descubren que, junto con otras familias, han sido víctimas del jefe sin escrúpulos de la constructora (Emilio Gutiérrez-Caba) que se ha quedado con sus ahorros de toda la vida. Dejando al margen lo necesario que era una obra de esta temática en los tiempos que corren, hay que señalar cómo Lemcke consigue transmitir al espectador toda la angustia y la impotencia que genera una situación de esta envergadura; la película se las ingenia en todo momento para introducir al personal en una burbuja asfixiante, envolviéndolo como una gigantesca bola de nieve que va aumentando sus proporciones a medida que transcurren sus muy bien aprovechados 86 minutos. Este realismo hasta la médula del que presume el film, se ve fortalecido por la presencia de unos más que convincentes Fernando Tejero y Malena Alterio, en sendos roles dramáticos, muy diferentes a los que nos tienen acostumbrados. Recitando unos acertados diálogos que conectan directamente con el público, la química entre este eficaz tándem, patente desde el minuto uno, imprime de una naturalidad al conjunto que contribuye a que olvidemos que estamos ante una ficción, que realmente nos creamos lo que nos están contando. Por este motivo, resulta tan incomprensible como injustificable el ninguneo que sufrieron por la Academia de Cine, a los que ni siquiera fueron nominados. La película, no obstante, fue la gran triunfadora en el Festival de Málaga con 5 galardones: película, guión, actor principal, actor secundario (Jorge Bosch) y el Premio de la Crítica.

A través de la emotiva partitura de Fernando Velázquez –Lo Imposible (J.A.Bayona, 2012)- y huyendo de cualquier tentación lacrimógena, 5 metros cuadrados también nos regala la interpretación de un gigantesco Gutiérrez Caba, que aprovecha el filón de villano que ya tuvo oportunidad de explotar en la exitosa serie de la televisión pública española Gran Reserva, para demostrar que a la hora de encarnar a un repulsivo personaje hay pocos como él. No obstante, se echa en falta una mayor garra dramática a una película que, sí es cierto, podía haber ahondado más en su condición de cine de denuncia, a pesar de que esta etiqueta nunca haya sido perseguida por su máximo responsable; la obra de Lemcke ganaría muchos enteros de haberse mostrado más ácida, más armada de crítica social y, en definitiva, menos condescendiente con los responsables de la especulación inmobiliaria. A pesar de que el relato que nos cuenta funciona con gran precisión, se deja pasar una oportunidad de oro para elaborar una cierta radiografía de la burbuja inmobiliaria, adentrándose en, por ejemplo, las causas que han dado origen a esta terrible situación. 

No obstante, el resultado final de 5 metros cuadrados es más que sobrasaliente. Por encima de algunos agujeros de guión -la facilidad con la que Alex puede quedarse a vivir en el piso piloto, la discutida escena en la que éste es abandonado por su pareja o el desaprovechamiento del personaje encarnado por Secun de la Rosa-, esta película será recordada por secuencias tan logradas como la de la pareja de Virginia celebrando el fin de año en la soledad de un piso vacío, con cohetes artificiales de fondo, o la del encuentro de los enamorados con Laura, responsable del departamento de Ventas -unos minutos en los que, quizá, la película alcanza las más altas cotas de realismo-. Con ecos de El Pisito (Marco Ferreri, 1959) -a pesar de que la obra de Lemcke carece casi por completo del humor negro de la escrita por Rafael Azcona, quizá para no edulcorar un drama sobre el que se antoja imposible bromear-, no cabe duda que la melancólica, dinámica y muy ágil 5 metros cuadrados es, por encima de cualquier otro aspecto, un retrato de la dignidad humana. Y, sobre todo, de hasta qué insospechado punto nos puede conducir la desesperación. 

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2 pensamientos en “Cinco metros cuadrados

  1. De acuerdo contigo, hay actores que resultan excelentes como Jorge Bosch o Secun de la Rosa y conforme avanza la pelicula y desaparecen, pierde mucha fuerza. Aún así es una historia con hallazgos, sobretodo su primera hora.

    • Opino igual que tú: la primera media hora es lo mejor de la película. Y podría haber salido muy reforzada de haber exprimido a sus secundarios y, sobre todo, el drama del que habla. Pero con todo es una historia que engancha y transmite todo el drama que hay detrás. Gracias por tu comentario! 🙂

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