Ágora

Consagrado a nivel internacional gracias a Los otros (2001) y Mar Adentro (2004) por la que ganó el Oscar al mejor film de habla no inglesa, Alejandro Amenábar se puso al frente de un proyecto de la envergadura de Ágora (2009), la producción más cara del cine español. De 50 millones de presupuesto,  el director radiografía la figura histórica de Hipatia, dejando clara una vez más su gran condición de narrador cinematográfico. Todo en Ágora es mayúsculo: desde su apabullante recreación histórica -con especial atención al diseño de vestuario, producción y maquillaje-, hasta la historia que se nos cuenta. Ambientada en el siglo IV. d. C, la acción nos sitúa en Alejandría, la ciudad más importante de la provincia de Egipto, sometida al Imperio Romano en aquellos tiempos. Las sangrientas revueltas religiosas amenazan con destruir todo lo que encuentren a su paso, incluida la Biblioteca de Alejandría, que encierra toda la sabiduría del Mundo Antiguo. Entre sus muros vive Hipatia, una amante de la astronomía y del saber en general, que luchó hasta el último día de su vida por salvaguardar todo el conocimiento científico y filosófico encerrado en ese mítico lugar, ante el imparable y amenazante ascenso del Cristianismo.

La gran baza de Ágora es que satisface a los que buscan una película de entretenimiento sin más y a los que, por el contrario, esperan encontrar algo más profundo. En cualquier caso, Amenábar desgrana la Historia de forma muy didáctica, al alcance de todos los públicos y niveles culturales. El realizador, en efecto, consigue despertar al una gran fascinación hacia su rol principal, máxima representante de la Humanidad del pensamiento científico, filosofía y la tolerancia. Asimismo, el cineasta aprovecha en este relato, que aboga en todo momento por el pensamiento libre frente a la opresión o a los parámetros establecidos, para introducir una gran carga crítica contra el fanatismo y fundamentalismo religioso. Y Amenábar lo logra sin posicionarse en ningún bando, algo que ya viene siendo habitual en él -en Mar Adentro, por ejemplo, se le da voz tanto a partidarios como detractores de la eutanasia-. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones y las notorias dimensiones del proyecto, en Ágora se percibe cierta frialdad formal en su conjunto, como si el director no fuese capaz de transformar esa admiración que despierta su muy bien construido icono del feminismo, en conexión emocional. Se produce, por tanto, una cierta falta de apego que, sin duda, hubiese elevado el interés por la historia.

Quizá éste hecho sea debido a la elección de una errática banda sonora -a pesar de estar firmada por el oscarizado Dario Marianelli- o de una segunda mitad que se queda lejos de la perfección del primer bloque, simplemente magistral, rematado por la espectacular secuencia de la masiva entrada de cristianos a la Biblioteca de Alejandría. No obstante, son detalles menores de un director que termina por meterse al público al bolsillo gracias a una escenografía pocas veces vista en el cine español y sus magníficos escenarios, por su sentido y honesto ensalzamiento de la figura de Hipatia y, sobre todo, por situar el nivel de nuestro cine, a los más altas cotas de exigencia, sin nada que envidiar a productos extranjeros. Con todo, mucho se ha reprochado a Amenábar que, al igual que ocurriese con Nicole Kidman en Los Otros (2001), haya recurrido al star-system norteamericano para encabezar uno de sus proyectos. Entre otras lindezas, se acusó al cineasta su carácter abiertamente comercial. Y un servidor se pregunta: ¿comercial? ¿qué es comercial?  Si ser comercial es intentar hacer llegar tu obra al mayor número de público posible, despertando en él cierta inquietud histórica o, simplemente, hacer que durante dos horas olviden sus problemas, bienvenido sea todo lo comercial. En cualquier caso, habría que decirles que una película de esta envergadura no sólo la forman los actores, sino las cientos de personas del equipo técnico y artístico, la inmensa mayoría de nacionalidad española.

En definitiva, una obligatoria propuesta del cine español ganadora de 7 Goyas -incluido mejor guión original-, que nos familiarizará con un episodio histórico que cambió para siempre el rumbo de la Humanidad. Viéndola comprenderemos que lo que aquí se retrata no es muy diferente a lo que vivimos en nuestros días. ¿O acaso en Oriente Próximo o en los países desarrollados no se persigue todavía a la gente por sus posturas religiosas, por su forma de pensar? ¿O no se sigue considerando a las mujeres como seres intelectualmente inferiores al hombre? Quizá la verdadera magia de Ágora sea esa: que, en el fondo, no es más que un disfrazado retrato de nuestro tiempo. 

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4 pensamientos en “Ágora

  1. Esta película es una declaración de amor a la ciencia y al pensamiento escéptico y crítico.Sólo por eso merece la pena. En términos cinematográficos sin fisuras, no será la obra cumbre del cine, pero muy buena. Y en términos españoles…bueno, Amenabar siempre ha sido muy hollywoodiense, se nota.

    • Estoy de acuerdo contigo, además creo que el termino hollywoodiense no tiene por qué ser despectivo si se abordan los proyectos con la franqueza y el rigor que lo hace Amenábar. Creo que esta internacionalización del cine del director le hace mucha falta a nuestro cine… y en cuanto a la declaración de amor a la ciencia absolutamente de acuerdo! Además consigue despertar el interés por un personaje tan fascinante como desconocido! Un saludo!

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