Agente 007 contra el Dr. No

El 50º aniversario de las aventuras del agente 007 es la excusa perfecta para hacer un análisis de la película que abrió la veda de la saga de James Bond, que se convertiría con el paso de los años en una de las más longevas y rentables de la historia del cine. Agente 007 contra el Dr. No (Terence Young, 1962), fue, en efecto, la primera adaptación a la pantalla grande del mítico personaje creado por el británico Ian Fleming. Con un presupuesto modesto -poco más de un millón de dólares- y unos efectos especiales que no han soportado muy bien el paso del tiempo, este primer film se encargó de definir la personalidad del famoso agente secreto: arriesgado, heroico, ingenioso, elegante, sofisticado, seductor, bebedor (esos Dry Martini) y mujeriego. Capaz también de demostrar chulería sin resultar pedante, el encargado de ponerse al frente del papel en la primera etapa fue un Sean Connery que acabaría catapultado a la fama más absoluta gracias a la encarnación de este agente con licencia para matar. Basada en la novela Dr. No (1958), la sexta de la serie, Agente 007 contra el Dr. No parece un artefacto construido, más que para desarrollar una interesante trama argumental, para el lucimiento del carismático personaje. 

Quizá por este hecho, por el empeño del director en explotar en exceso a su icónico rol antes de dotar de interés a la historia, la película carezca de la trama que se le podría exigir a un personaje de estas características. El argumento, simplista y limitado, no posee la ambición suficiente y resulta difícil de seguir; de la sensación que Young -que, por otra parte, hay que elogiar su capacidad para que el film resulte moderadamente entretenido en algunos de sus pasajes-, se conforma con construir un mero pasatiempo, sin garra ni el empaque audiovisual suficiente, satisfecho por refugiarse en un falso clasicismo que pretende ocultar una trama que roza lo risible. Con aroma de serie B, esta entrega no es, por tanto, la mejor de la saga, pero no cabe duda que nos regaló gloriosos instantes por los que la obra debe ser juzgada, más que por su conjunto o el resultado colectivo. Ahí tenemos escenas como la de las persecuciones de coches o la de la tarántula, de una tensión casi palpable, por no mencionar la espectacular salida del agua de la que fue la primera chica Bond de la saga: una Ursula Andress que no sólo marcó tendencia con su llamativo bikini, sino que pasó a convertirse automáticamente en uno de los más incontestables mitos eróticos de la década. Una estampa imborrable.

A pesar de echarse en falta más calidad en sus efectos especiales y que el villano elegido para abrir la saga no posee la entidad suficiente, no hay que menospreciar aspectos que hacen de Agente 007 contra el Dr. No una cinta recomendable: más allá de su agradable aire desenfadado, casi psicodélico, fue una cinta que dejó patente la compenetración entre actor-director, que se reafirmaría en las sucesivas aventuras del recordado personaje. Asimismo, en esta primera entrega ya se pudieron apreciar algunas de las señas más destacables de James Bond y que marcarían el resto de entregas: chicas atractivas, pasajes exóticos, espionaje, un cierto contenido sexual que, aunque disimulado, no deja nunca de estar latente (ese baño en las cataratas quizá sea uno de los ejemplos más claros) y, cómo no, la emblemática banda sonora del maestro John Barry, el compositor por excelencia de 007,

Pero, por encima de aspectos técnicos y formales, hay que reconocer el mérito de la película por construir un personaje que, dado su carácter amable y atractiva apariencia, conectó fácilmente con el público, originando un rotundo éxito en taquilla por la que sus responsables pusieron en marcha sucesivas producciones. Da igual que la Academia de Cine no premiara esta película -ni a ninguna de sus sucesoras, salvo contadas excepciones-, al considerar siempre a James Bond como un producto de segunda categoría. No obstante, el público, como en la mayoría de ocasiones, ha sido el encargado de actuar como juez, dictaminando que los largometrajes de 007 no sólo forman parte de la cultura popular, sino que además su influencia en muchos títulos actuales es irrebatible, ¿o acaso hubiesen visto alguna vez la luz personajes como Indiana Jones o Bourne si no llega a ser por Bond, James Bond?

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