Dentro del laberinto

Probablemente Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986) sea a los 80 lo que Eduardo Manostijeras (Tim Burton, 1990), supuso para el cine de los 90. Ambas películas, sendos cuentos de hadas para adultos, además de haber marcado -y seguir marcando- a toda una generación de espectadores, se coronaron como dos de los más nítidos ejemplos a la hora de derrochar emociones y obligar a la reflexión (importante trasfondo moral) bajo un envoltorio de fábula surrealista tan entrañable como eficaz. Con producción de George Lucas, esta película del creador de The Muppets (en España más conocidos como Los Teleñecos), supuso la prueba definitiva de que no eran necesarios espectaculares efectos especiales ni grandes alardes técnicos a la hora de rodear una producción de un encanto especial. Porque habrá quien reproche a esta cinta llamada  Dentro del laberinto y claramente inspirada en Alicia en el país de las maravillas y en El Mago de Oz, que los protagonistas aparezcan rodeados de unos muñecos (en teoría) acartonados o la artificalidad de sus decorados -en consonancia con su estética de serie B-, pero lo que nadie puede negar es que ese halo mágico, casi nostálgico, que desprenden todos y cada uno de sus fotogramas hacen de ella todo un acontecimiento.

La historia pivota entorno a Sarah (una debutante Jennifer Connelly que ya empezó a despuntar con esta interpretación), una niña que deberá adentrarse en un laberinto con el fin de rescatar a su hermano pequeño, secuestrado por el histriónico Rey Jareth (David Bowie). Durante el camino, la joven irá haciendo todo tipo de amistades con unos seres diminutos, al tiempo que deberá enfrentarse a quien intenta apartarla del camino a seguir, de esa meta que se ha propuesto alcanzar. Esta sinopsis argumental, este rapto que no es más que el leit motiv de la función, recoge la esencia de lo que viene a ser Dentro del laberinto: una sutil metáfora acerca de una persona que, desamparada y enfrentada al más absoluto de los desconocidos, deberá aferrarse a su intuición y ser capaz de dilucidar por sus propios medios el camino que lleva hacia el éxito. Una tarea nada fácil pero que, tanto si se resuelve de forma positiva como si no, lo que al final queda ha sido un camino en el que han de haberse sabido sortear diversos obstáculos y conocer el verdadero sabor de la amistad. En el caso de Sarah esto se traduce en un espectacular proceso de evolución interior, mutando de niña caprichosa y consentida a una mujer enriquecida por todas las experiencias vividas dentro del laberinto que viene a ser, en resumidas cuentas, la gran aventura de la vida. Durante este recorrido, no obstante, la película se antoja algo plana en diversos momentos, echándose en falta un mayor grado de acción dramática, pero son detalles menores en un film que suple con suma inteligencia sus limitados medios con detalles que obligan a la reflexión y que enriquecen, ya digo, el resultado final.

Por tanto, para disfrutar de este relato de fantasía hay que desprenderse de cualquier prejuicio y no quedarse únicamente en la superficie de la narración. Conviene adentrarse en este enriquecedor cosmos, desbordante de imaginación y plagado de entrañables criaturas, recordando que lo que verdaderamente pretende, más allá de servir como un entretenimiento a niños y mayores, es radiografiar el proceso de madurez de una adolescente que podría ser cualquiera de nosotros, independientemente de la edad, sexo o cualquier otro rasgo distintivo. Para ello, Dentro del laberinto se servirá de un interminable derroche de sensaciones, una suma más que solvente de elementos que la hacen idónea para encandilar a un público amante de la fantasía: humor, desenfreno, magia, terror…y, en especial medida, la música. De hecho, el propio protagonista, un desenfadado David Bowie, fue el encargado de escribir e interpretar la mayoría de las canciones del film -siendo especialmente destables Magic Dance, Within You y Underground, el single lanzado para promocionar la película-. Contrariamente a lo que piensan una parte de los espectadores, el gran peso que los números musicales adquieren en la narración no sólo está de sobra justificado, sino que son prácticamente necesarios para dotar de frescura, ritmo y cierta épica a la historia. Además le sirven a la cinta para lucirse a nivel escenográfico, potenciar aún más su nivel de surrealismo y, sobre todo, diferenciarse de algunas de sus más directas competidoras, como Los Gremlins (Joe Dante, 1984).

Pero lo más admirable de Dentro del laberinto es su absoluta falta de pretensiones, a pesar de su moraleja final y su superlativo trasfondo. No aspira a dejar una huella imborrable dentro de la historia del cine, ni siquiera ocupar un lugar destacado. Esta pieza de orfebrería de Henson se conforma con saberse capaz de haber perpetuado ese poso placentero en esa generación de espectadores capaces de dilucidar que hay mucho más de humanidad en cada uno de esas diminutas criaturas que pueblan el relato que en la mayoría de personajes de carne y hueso del cine actual y que, especialmente, aún reciben cada pase de esta película con una sonrisa en la cara: con la misma con la que la recibieron hace casi 30 años. 

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4 pensamientos en “Dentro del laberinto

  1. Esta película, tiene una esencia única. Si bien es cierto que es un “amalgama” de “Alicia en el pais de las maravillas”, “El Mago de Oz”, o “El cristal oscuro” de Henson (4 años anterior a Laberinto), es otra manera de hacer aprender al joven/no tan joven espectador, la inocencia del ojo temprano, y como desvirtúa de si mismo hacia una transición inevitable hacia el caótico de la vida adulta y todas las perversiones (en el buen y mal sentido de la palabra) que transitan en él. Una de las mejores películas dentro de su temática, sin hablar de mi predilección por Bowie, y Connelly, que a pesar de su no -experiencia en pantalla, ha dejado evidencia que su papel no podía estar en manos de ningún otro de su gremio. [Nada!!!na da -da -da -daaaaa!.]

    • Gracias por tu comentario Greta! Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Nunca te estaré lo suficientemente agradecido de tu sugerencia! La gran revelación del film es Connelly, que como bien dices, hace un papel al alcance de muy pocas, consagrándose con esta película. ¡Un beso!

  2. Esta película se ha convertido en una película de culto. Es muy venerada y recordada como una de las cintas imborrables de la fantasía. En mi opinión tiene 4 pilares básicos que hacen que la ames:

    1.Banda sonora con David Bowie, con canciones como Magic Dance, geniales por sí mismas.

    2.Jennifer Connelly( guapísima).

    3.La ambientación fantástica con las marionetas del mítico Jim Henson.

    4.David Bowie.

    En fín, clasicazo.

    • De los 4 pilares a los que has hecho referencia la verdad que no sé con cual quedarse, si acaso con la banda sonora sin la cual la película perdería parte de su magia. Da igual que las marionetas se intuyan de cartón-piedra porque empatizamos con ellas y nos resultan graciosas. Como bien dices, todo un clásico! 🙂

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