Un paseo para recordar

Quien esperara que este crítico pusiese a parir una cinta tan facilona, tópica y tan en permanente búsqueda de la lágrima fácil como Un paseo para recordar (Adam Shankman, 2002), no puede andar más equivocado. Porque la segunda película del director que un año antes había sido el máximo responsable de la fallida ópera prima Planes de boda (2001) es tan previsible que es capaz de reunir, meticulosamente, todos los recursos mil veces vistos en otros títulos románticos teen -el chico malo del instituto, la típica joven conversadora que es objeto de burla de sus compañeros, etc- , pero, al mismo tiempo, nos regala una de las crónicas de historia de amor más honestas y libres de prejuicios que ha dado la historia del género. Quizá por ello, la manera más sensata de enfrentarse a ella sea, precisamente, exento de prejuicios: Un paseo para recordar no aspira a jugar en la liga de esas épicas historias de amor llamadas Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995) o Memorias de África (Sydney Pollack, 1985). Se conforma con ser algo más que un agradable pasatiempo que bien podría jactarse de saber manipular las emociones del espectador, en el mejor sentido de la palabra. Si bien el comienzo es algo titubeante -el prólogo, además, es innecesario y da una equivocada imagen del film-, la película da un golpe en la mesa a partir del segundo acto, de ese giro narrativo -gran acierto el no desvelarlo antes- por el cual se revela como una experta en el dominio de los sentimientos.

Basada en la novela homónima de Nicholas Sparks -el mismo autor que, años más tarde, escribiría El diario de Noa (Nick Cassavetes, 2004)-, la historia, que sigue un patrón explotado históricamente en el cine, gira en torno a Landon (Shane West), el chico más popular del instituto que, en contra de lo que nunca imaginó, se enamora de Jamie (Mandy Moore), una tradicional joven convertida en el hazmerreír de la escuela . Con el paso del tiempo, Landon será consciente que su relación con Jamie no sólo le ha hecho creer en el verdadero amor, sino que ha transformado los cimientos de su personalidad, volviéndolo un ser más tolerante, respetuoso, capaz de apreciar los pequeños detalles de la vida. A través de una placentera puesta en escena -a pesar de un manido uso de los primeros planos- una más que recomendable selección musical -muchos de los temas interpretados por la actriz protagonista, como Only Hope, o la canción principal, Cry-, por su hipnótica forma de desarrollar el manido argumento en el que se basa o, también, por la innegable química que desprenden los protagonistas, establecemos que Un paseo para recordar es un producto de nivel muy superior al de otras obras de temática similar -lejos queda de infumables títulos como Alguien como tú (Robert Iscove, 1999)-, donde todo está contando de una forma tan dulce y absorbente que no hace sino provocar que la obra se vea con el más absoluto de los deleites.

Por supuesto que la ficción peca de alguna que otra salida de tono como es el caso de un buen puñado de ¿chistes? innecesarios, unos personajes que luchan -sin éxito- por huir del estereotipo más convencional y que el elemento sorpresa es casi inexistente -a pesar del ya mencionado giro dramático- en una historia que no está dispuesta a romper con el paradigma de su género, con una estrategia narrativa que la historia ha demostrado ser sinónimo de éxito. Y es que, en efecto, Un paseo para recordar se alzó como la nº1 de la taquilla USA, sirviendo como inspiración a varias oleadas de jóvenes generaciones que ya veían en ese archiconocido “nuestro amor es como el viento: no puedo verlo, pero sí sentirlo”, un nuevo slogan teen que, aún hoy, sigue sin dar muestras de agotamiento. Además, que levante la mano que, como la protagonista del film, esa heroína llamada Jamie, nunca ha deseado con estar en dos sitios a la vez o con hacerse un tatuaje sin que nos importe lo más mínimo lo que los demás opinen de nosotros. Un ejemplo más de la inofensiva naturaleza de un film cargado de buenas intenciones. 

Resumiendo: una película cuyo previsible carácter no le resta puntos a la hora de despuntar cuando lo que se propone es emocionar al personal. Es ahí donde la cinta de Shankman despunta, demostrando saber jugar muy bien sus bazas, dominar el tinglado con peripecia. Si esto queda aliñado con una correcta duración -poco más de hora y media- y, en líneas generales, la cuidada belleza en la que se baña, no cabe duda que Un paseo para recordar bien merecido tuvo el hecho de convertirse, de forma instantánea, como uno de los más sólidos referentes juveniles (y no tan juveniles) que ha dado el cine en años. Y no será quien suscribe el que le quite dicho mérito. 

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2 pensamientos en “Un paseo para recordar

  1. Llámame inensible o lo que quieras, pero es la película MAS FACILONA, ALGONDON AZUCAR Y PETARDA (todo esto con letras chillonas), que he visto en todo mi recorrido cinematográfico. He visto películas que van, vuelven y vuelven a ir que esta. No hay por donde cogerla. Pésima.

  2. Sabía que esta película iba a traer cierta “polémica” y ya veo que así ha sido! jaja Si te fijas, he empezado diciendo que es previsible, facilona, tópica, etc… tiene muchos defectos, y como bien dices, hay mil películas mejores que ésta. Pero también hay mil películas peores: en mi modesta opinión “Un paso para recordar” es de nivel superior a muchos de los dramas románticos-teen que se estrenan. Pero vamos, que entiendo perfectamente tu postura! xD

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