El fuego de la venganza

“Cada 60 minutos se produce un secuestro en América latina y el 70% de las víctimas no sobrevive”. Es la lapidaria y escalofriante cifra bajo la que nace El fuego de la venganza (Tony Scott, 2004), una de las cintas más aplaudidas del director. Y es que, sin renunciar nunca al thriller en el sentido más puro de la palabra ni al cine de acción más convencional, buena parte de la filmografía de Tony Scott se halla construida bajo premisas que bien podrían encuadrarse dentro del cine de denuncia propiamente dicho. Si en Enemigo público (1998) planteaba el dilema moral sobre si está justificado que el Gobierno interfiera en la intimidad personal del individuo para garantizar la seguridad colectiva, o en Juego de espías (2001) recurría un tema tan controvertido como el espionaje como inexorable telón de fondo, en El fuego de la venganza retrata, con toda su crudeza y hasta las últimas consecuencias, el terrible drama que se vive en México D.F, una ciudad donde el secuestro -y posterior tortura- a miembros de familias adineradas es una práctica más que habitual. Ambientada en el país azteca, esta adaptación basada en la homónima novela de A.J. Quinnell, y que es a su vez un remake de Bala blindada (Elie Chouraqui, 1987), reafirma su mensaje social al retratar y constituir una implacable y potente arma efectiva en la nuca de un sistema de gobierno putrefacto, donde la norma -que no excepción- son unos policías corruptos que fomentan y participan en este tipo de delitos.

En medio de este contexto se desarrolla una historia fragmentada en dos partes nítidamente diferenciadas: por un lado, la conmovedora relación que establece el agente del gobierno John Creasy (Denzel Washington), encerrado en una vida monótona y de cimientos oxidados, con Lupita Ramos (Dakota Fanning), la niña a la que han ordenado que debe vigilar cuando su familia empieza a recibir amenazas de secuestro. En este tramo, que abarca prácticamente la primera hora de película y que sirve para la presentación de los personajes, Scott se revela como un hábil conocedor de la especie humana y sorprende por el potentísimo e insólito vínculo afectivo que establece entre la pareja. Se refleja, con gran sentido onírico y haciendo más gala que nunca de su marcada personalidad cinematográfica (modificación del tiempo narrativo, estética de videoclip o un recurrente uso de la música incidental), cómo esta criatura de apenas nueve años devuelve a Creasy las ganas de vivir, a recuperar una ilusión que creía perdida. Incluso el director se recrea en cómo llega a sentir celos del propio padre de la joven, demostrando, en definitiva, una capacidad de emocionar cuyo único antecedente en la prolífica carrera de Scott bien podría ser Amor a quemarropa (1993). En el segundo tramo, que se prolonga durante la casi hora y media siguientes, se aborda el conflicto de la desaparición de la pequeña y, en consecuencia, la conversión del agente protagonista en un ser amoral, vengativo y justiciero. Es, a partir de este momento, cuando el film no sólo pierde parte de la credibilidad y elocuencia logradas, sino que su sentido narrativo se diluye estrepitosamente. Y, aunque el director se las ingenia para no aburrir en sus casi 150 minutos de duración, el resultado final no está tan depurado como debería. La sensación de alargamiento, pues, resulta inevitable.

Dueña de una de las mejores secuencias de apertura que haya dado nunca el cine de acción, El fuego de la venganza también se sitúa muy por encima de otros artefactos del género gracias a la pareja protagonista. Fanning, que ya empezó a despuntar en este film para demostrar con el paso de los años que era una de las grandes, demostró que una niña puede crear tanta empatía con el espectador como un ser adulto, sin resultar pedante ni inverosímil. Washington, por su parte, no necesita presentación, y en este film vuelve a demostrar que ha nacido para este tipo de cine. Pocos actores se aferran tanto por hacer creíbles a sus personajes como él, hasta el punto que su sola presencia, junto con la de Fanning, logra camuflar las propias carencias del film. Entre ellas encontramos un guión seco de giros narrativos, la molesta predilección de Scott por los primeros planos, unos acusados giros de cámara no siempre justificados o las innecesarias recreaciones. 

En conclusión, un título superior en la filmografía de Scott, que no dudó en tomar como referentes estilísticos –imagen sucia, colores saturados, fotografía degradada– a cintas como Ciudad de dios (Fernando Meirelles & Kátia Lund, 2002) o 21 gramos (Alejandro González Iñarritu, 2003). Quizá le falte ambición y le sobre relleno para consagrarse con la obra de arte que podría haber sido, pero desde luego es un film más que digno y al que hay que darle una oportunidad, aunque sólo sea por la franqueza con la que aborda el drama (real) sobre el que está cimentada. 

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2 pensamientos en “El fuego de la venganza

  1. Reblogueó esto en jurajjanosikblogy comentado:
    Un buen entretenimiento en una de mis pocas noches insomnes, Denzel podría hipnotizarme hasta leyendo la guía telefónica. Es larga pero me he enterado de eso sólo al principio y al final, buena señal.

    El secuestro, decía mi suegro en una epoca en la que hubo varios, es el peor crimen que exista y estoy de acuerdo con su postura, aún que tal vez los haya peores.
    La gran diferencia está en la visibilidad, en mi opinión existen crimenes responsables de decenas, centenares o millares de muertes y sufrimientos atroces, pero no se ven las relaciones de causa y efecto, por lo tanto lo criminales en esos casos pueden seguir sus vidas a la luz del sol y… durmiendo placidamente.
    No viene a cuento, es una gran peli, que emociona y ya está, pero es inevitable pensar y hacerse preguntas.
    No voy a formular esas preguntas por no dar la sensación, ni por asomo, que se puedan justificar actos tan aberrantes y violentos.

    Se han hecho multitudes de películas sobre los delitos de calle, hasta la mafia ha sido interpretada sin que los protagonistas hayan sufrido daños, que yo sepa al menos. No tengo datos ciertos, pero apostaría que se han tocado bastante menos otros tipos de crímenes, normalmente perpetrados por tipos y tipas con trajes de lujo.

    Good job, Tony and Denzel, en primis… algo es algo, me gustaría ver a Denzel interpretar el papel de una multinacional farmaceútica, por ejemplo y que su hija sea secuestrada por víctimas de fármacos.

    ¿Ciencia ficción? No sólo realidad que como es sabido suele superar a la ficción.

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