Corazón Rebelde

Me sucede algo curioso con Corazón Rebelde (Scott Cooper, 2008): reconozco que es una historia que nos han contado en infinidad de ocasiones, con un argumento no precisamente original responsable de esa inevitable sensación de deja-vu que desprende pero, al mismo tiempo, hay en ella un extraño magnetismo, un nuevo enfoque, que ha conseguido remover algo en mi interior. Y también está, claro, algo que no tienen las demás: un Jeff Bridges absolutamente inconmensurable en la mejor interpretación de su carrera. El actor da vida a Bad Blake, un viejo cantante fracasado de country desgastado por el peso de la fama, los excesos y el alcohol. En medio de una existencia rutinaria y con pocas expectativas de futuro, la llegada a su vida de Jean (Maggie Gyllenhaal), una periodista soltera con un hijo pequeño, cambiará su vida. Ella se convertirá en la tabla de salvación y el mejor apoyo de una antigua leyenda que nadie se ha preocupado por quitar la máscara y explorar un interior oxidado por unas heridas del pasado demasiado lacerantes.

Adaptando la novela original de Thomas Cobb, Cooper dirige, escribe y también produce, con la colaboración del propio Bridges, un agradable relato enmarcado en el cine independiente americano que, aunque no se pueda llegar a catalogar de musical, sí que es la banda sonora la encarga de cimentar, en buena medida, una construcción ya de por sí sólida. Junto con el desfile de canciones countries -y su indiscriminado sentido del homenaje a todas las estrellas, vivas y muertas, de este género-, lo que sostiene mayoritariamente la película es la propia figura de Bridges, en la piel de una rutilante estrella venida a menos, la (no tan) típica vieja gloria fracasada que lucha por sobrevivir mientras carga sobre sus espaldas los (muchos) errores y (pocos) aciertos del pasado. Poseído por un personaje al que da vida sin esfuerzo aparente, con una sencillez y eficacia apabullantes, Bridges nos regala toda una lección de interpretación que constituye la vida imagen del fracaso, la pérdida, la nostalgia y, finalmente, la redención. Es evidente que la historia está al servicio de un actor catapultado, por esta potente creación repleta de matices de este alcohólico (y ex alcohólico) cantante, a los anales del cine. La película se empeña, a pesar del cúmulo de personajes que integran el cosmos narrativo, en centrar su foco de atención al rol vertebral, sobre el que recaen casi la totalidad de escenas de la misma. Así, se ofrece en todo momento una mirada reposada, tranquila y en absoluto cargante de un alma solitaria que, quizá cegado por su carrera profesional o también porque ha cometido más errores de los permitidos, ha dejado escapar las cosas más importantes de la vida. Y es que Bad es rudo, conflictivo y adicto al alcohol, sí, pero también nos despierta sentimientos de simpatía, afecto y ternura. Quizá porque en sus ojos lleva grabado a fuego el dolor de la pérdida, del latente proceso de una autodestrucción interminable, del tiempo irrecuperable de quien ha estado 24 años sin hablar con su hijo.

Ambientada en las áridas, solitarias y rojizas carreteras típicamente americanas y con una fotografía de excepción que busca extraer hasta el último gramo de belleza en cada fotograma, Corazón rebelde puede presumir de que todos sus personajes tienen algo que contar, todos funcionan como piezas de un puzzle que al final encaja y cobra un nuevo sentido. Desde el propio hijo de Jean -clave para el proceso de desintoxicación, en todos los sentidos, de Blake– hasta la figura de su aprendiz, Tommy Sweet (Colin Farrell), quien protagoniza uno de los fragmentos más emotivos del film con una vibrante actuación musical convertida en el más sentido de los agradecimientos a su mentor. En el otro lado de la balanza, se puede reprochar una falta de intensidad dramática en escenas como la del accidente de coche o de la pérdida del niño, así como de un desaprovechamiento imperdonable de un actor como Robert Duvall -que, curiosamente, también se alzó con el Oscar con una interpretación en la que encarnaba a una vieja gloria venida a menos por el alcohol en Gracias y favores (Bruce Beresford, 1982)-. Hubiese sido un acierto, además, y a pesar de que Gyllenhaal no desentona en un papel difícil, la elección de otra protagonista femenina, debido a la inexistente química entre su personaje y el de Bridges. De ella me quedo, no obstante, con la frase que le dice a Blake mientras éste se encuentra tumbado en su cama tras componer una canción y que bien resume la genialidad del cantante: “Hay gente que daría diez años de su vida para escribir algo así… y para tí es algo espontáneo”. 

Me entusiasma Corazón Rebelde porque, por primera vez, un final feliz no queda impostado ni artificioso. Es tan auténtico como el resto de la película, tan honesto como redención de Bad Blake. Se quedan en mi recuerdo, entre otras cosas, ese bellísimo plano final sobre el que se sobreimpresionan los títulos de crédito, bajo la agradable partitura de uno de los temas centrales del film: “The Weary Kind” y la enseñanza de una cinta que reza que todos deberíamos asumir nuestros propios errores y aprovechar la oportunidad que nos brinda la vida para mirarlos de frente y enmendarlos. Y, si esto no es posible, empezar nuevamente de cero. Si lo pensamos bien, quizá la máxima virtud de esta historia de perdedores es que nos es tan fácil empatizar con ella porque, en el fondo y en mayor o menor medida, todos lo somos. 

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2 pensamientos en “Corazón Rebelde

  1. Está claro que las historias de amor siempre llaman la atención, pero el enfoque que se le da a esta ha removido algo en mi que no esperaba.
    Siendo una más, tiene un toque encantadoramente seductor que te tiene sobrecogido durante toda la pelicula.

    • Me alegra que hayas comentado en mi blog, María! 🙂 No sabía que hubieses visto esta película, no es muy conocida a pesar del gran éxito que cosechó. Personalmente me gustan las historias sencillas, con personajes con los que es fácil identificarse… y el cantante que interpreta Jeff Bridges es tan perdedor como cualquiera de nosotros. Y, además, como bien dices, protagoniza una gran historiade amor…aunque ésta no tenga un final feliz. Yo también estuve sobrecogido toda la película. El final para mí es perfecto.

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