Taxi Driver

Existen diversos prismas desde los que observar un clásico como Taxi Driver (1975): si se disfruta desde una perspectiva romántica habrá quien la considere una cinta de género propiamente dicha -a pesar de que el protagonista lleve a su amada, en lugar de a un confortable restaurante, a una sala de cine porno en una de sus primeras citas-; si, por el contrario, somos ese tipo de espectador amante de la acción y de rasgar sobre la superficie no tardaremos en comprobar que bajo ese romanticismo, se esconde una de las críticas sociales más rotundas que ha dado nunca el cine. En cualquier caso, de lo que no cabe duda es que el verdadero protagonista de la función no es ese taxista otrora combatiente en la reciente Guerra de Vietnam, un Travis Bickle (Robert de Niro) aquejado de insomnio crónico y amante de la pornografía, ni siquiera Betsy (Cybill Shepherd), la joven de la que se enamora y que trabaja como voluntaria en una campaña política. No. El auténtico personaje de la película, aquel en el que Scorsese se revela como un maestro a la hora de exprimir toda su sordidez, es precisamente su ciudad natal: Nueva York. El realizador no duda en ofrecernos – tal y como hizo en su anterior trabajo Malas Calles (1973)- una inmersión a los suburbios de una ciudad en decadencia, cada vez más podrida, pilotada por unos políticos corruptos y habitada por maleantes, prostitutas, racistas, estafadores, asesinos y drogadictos. Vamos, lo que viene siendo un lugar idílico. Pero no más diferente que cualquier otro rincón del planeta.

Bickle, que debido a su trabajo como taxista nocturno conocerá de primera mano todos estos males de los que adolece la ciudad de Nueva York, pronto empezará sentirse como un inadaptado en una sociedad no diseñada a su medida. Mentalmente inestable y siendo consciente de su condición de persona solitaria -rasgos de su personalidad que se nos ofrecen en forma de reflexiones interiores del protagonista a través de una voz en off que es puro espectáculo-, pronto experimentará no ya sólo un radical cambio físico sino también de personalidad cuando decida combatir por su propia mano un territorio en el que no está dispuesto a seguir viviendo por su marcada amoralidad, por su incorregible desolación. Al grito de “aquí hay un hombre que va a hacer frente a la chusma, que acabará con todo eso”, Bickle representa, en este sentido, a todos esos hombres igual de asqueados con ese mundo repleto de mugre que les ha tocado vivir, razón por la cual el espectador tiende a elevar a la categoría de héroe el que, en otras circunstancias, hubiese sido un villano sin fisuras, víctima de esa ley del Talión, tan eterna como discutible. Estamos, pues, ante la crónica de un ser inadaptado que intentará así no sólo encontrar su lugar en el mundo, sino establecer su propio sentido de la justicia.

Consiguiendo en todo momento un logradísimo clima, en el que se respira ese ambiente putrefacto, sucio, gris, que emanan las calles neoyorkinas, Scorsese ofrece el retrato de una ciudad en el que la política cobra una especial importancia. Son constantes en la narración esos mitines en la radio, esas manifestaciones callejeras, esas referencias a las campañas políticas… como si de alguna manera el director quisiese hacer partícipe -o responsable- a la clase política de la situación exenta de valores morales que refleja en su obra. Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, confieso que la película no es de mis favoritas de la filmografía de Scorsese -prefiero La invención de Hugo (2011) o Casino (1995)- a pesar de que fue decisiva para darse a conocer internacionalmente y que a día de hoy es todo un título de culto. A mi juicio, se le puede reprochar que la acción tarda demasiado en despegar, una cierta falta de agilidad en la trama principal y un toque de locura e histeria en la línea del que padecía la gran Sharon Stone en la antes citada Casino. Le falta, en definitiva, un toque más explícito y un aire más desenfadado. En el punto a favor de la balanza, siempre recordaremos a Taxi Driver como uno de los mejores papeles de Robert de Niro, aguantando de forma formidable unos repetidos e intensos primeros planos y protagonizando escenas tan memorables como la del monólogo ante el espejo, y el descubrimiento de Jodie Foster como actriz, con tan sólo 14 años, en la piel de uno de los roles más políticamente incorrectos de la historia del cine: el de una prostituta infantil, a la que Bickle intentará rescatar y salvar como parte de su particular plan de saneamiento. También pasará a la historia la película, además de por un final en donde el mundo de los muertos y los vivos se fusionan de forma insólita, regalando al espectador uno de los desenlaces más originales que se recuerden, por poner sobre la mesa un peliaguado debate ético: ¿hasta qué punto es lícito tomarnos la justicia por nuestra mano? El protagonista, ¿es un héroe o un villano?

Narrada bajo la suave y melancólica partitura del mítico Bernard Herrmann -la última de su carrera, puesto que murió antes incluso de que se estrenase la cinta-, Taxi Driver sufrió el ninguneo de la Academia de Cine que, a pesar de nominarla a 4 Oscar -Mejor Película incluida-, no ganó ninguno frente al ciclón de Rocky (John G. Avildsen, 1976). Tampoco le hizo falta. El tiempo fue el encargado de ponerla en el privilegiado lugar que merecía. 

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8 pensamientos en “Taxi Driver

  1. Un film que te consume totalmente…De Niro en estado puro. Me gusta la escena en la que el propio director hace un cameo hablando con Travis en el taxi y le cuenta que va a matar a su mujer. Hay que verla!

    • Yo vi la película de joven y no la entendí, y hace poco volví a verla y ya pude captar toda su esencia. No sabía que el director tuviese un cameo, fíjate, la volveré a ver y me fijaré con más detalle. Me alegro que te guste! 🙂

      • de hecho sale 2 veces. Una cuando la rubia entra por primera vez al trabajo, él está sentado en las escaleras y mira como entra la chica (min 10 más o menos). Y luego la del taxi de noche, sobre el min 40.

        También en Raging Bull (Toro Salvaje) de 1980, mismo actor y director, hace un cameo Scorsese en la escena final. El hombre que entra y le dice al bueno de Robert que ya puede salir es él.

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