Una historia verdadera

Hay historias, que sobre el papel, resultan muy poco cinematográficas pero que, en manos de un genio, pueden llegar a convertirse en una de las obras más bellas que ha dado el cine contemporáneo. Una historia verdadera (David Lynch, 1999) se inspiró en la historia real de un anciano de 73 años, Alvin Straight (Richard Farnsworth, nominado al Oscar por este papel) que recorrió los más de 500 kilómetros que separan Iowa de Wisconsin para visitar a su hermano, víctima de un ataque al corazón y con el que no mantenía ningún tipo de relación desde hace 10 años. Lo anecdótico del asunto es que lo hizo montado en una máquina cortacésped, desafiando así no sólo al sentido común sino también a las condiciones atmosféricas. Lynch, partiendo de esta premisa, construye una obra insólita; no sólo por su apabullante lirismo y su capacidad de emocinar, sino porque con ella logró reconciliar tanto a partidarios como detractores de su cine. En efecto, probablemente estemos ante la película menos lynchiana de su filmografía -a pesar de permitirse ciertas licencias en escenas como la de los ciervos-, que vino a demostrar no sólo que se desenvuelve como pez en el agua en el subgénero de la road-movie, como ya demostró en anteriores trabajos como Carretera perdida (1997) o Corazón Salvaje (1990), sino que además es uno de los autores más versátiles que ha dado nunca el cine.

En efecto, aunque el vehículo principal de la función sea una segadora, no deja de ser cierto que estamos en una road-movie en toda regla que, como todas, no sólo ofrecen un viaje físico sino también espiritual. Y esta es la principal baza de la película: Lynch explota hasta límites insospechados ese camino interior que experimentará el protagonista a lo largo de un viaje, ingeniándoselas para no aburrir. Así, nos va regalando todo un cóctel de personajes y situaciones que no sólo enriquecen la historia, sino que profundizan en la personalidad de Straight o de su hija, una Sissy Spacek que volvió a demostrar que hay vida más allá de Carrie (Brian de Palma, 1973). Son memorables las escenas con la adolescente embarazada, a la que Straight le confiesa el drama al que tuvo que enfrentarse su hija -atención al uso metafórico del fuego que, a partir de este fragmento, se hace a lo largo del film-, su conversación con un ex compañero de la guerra o el momento en el que se encuentra regateando el precio de la reparación de su medio de transporte. En esta última escena, clave, el protagonista revela el verdadero motivo de su viaje, convertido más bien en una penitencia: “Mi hermano y yo nos dijimos cosas imperdonables la última vez que nos vimos, pero intento dejar eso atrás y olvidar. Con este duro viaje estoy tragándome mi orgullo. Espero que no sea demasiado tarde”Frase que, como digo, no sólo resume el espíritu del film, sino que además constituye toda una auténtica lección de vida, abogando por la ausencia de rencores y el valor del perdón para alcanzar la felicidad.

Infinitamente melódica, este impecable ejercicio de poesía visual nos regala un viaje plagado extensas plantaciones y unos atardeceres en donde la luz viene a simbolizar el valor de la esperanza, auténtico motor de la película. Es extraordinario como Lynch demuestra en esta película sus conocidas dotes pictóricas, jugando con la linealidad del espacio y con unos horizontes repletos de significado. Empleando unos suaves movimientos de una cámara que se muestra en todo momento entre reposada y reflexiva, el director consigue así que, de cada fotograma, lleve condensado todas las ganas de vivir que alguien pueda imaginar. Cobran especial sentido, pues, esos cielos estrellados encargados no sólo de subir y bajar el telón, sino se hacen presentes a lo largo de este viaje que emprende Straight a lo largo de seis semanas, demostrando que por mucha oscuridad que impregne tu vida siempre existe algo que irradia luz. Siguiendo los patrones clásicos de la narración convencional -presentación, nudo y desenlace (¡y qué desenlace!)- la historia en esencia gira en torno a un hombre experimentado, curtido en batallas de toda índole, que vendrá a poner sobre la mesa el valor de la familia, esa institución por la que más de uno sería capaz de hacer hasta las mayores locuras. Incluso montar en cortacésped por la carretera.

El peor defecto que algunos pueden achacar a Una historia verdadera quizá sea, precisamente, su mayor virtud: confundir con lentitud una obra de marcado carácter contemplativo; una obra en la que se hace un extraordinario uso del lenguaje audiovisual, como ese recurrente montaje paralelo para contextualizar la acción -esa escena de Sissy Spacek mirando por la ventana mientras su padre, a decenas de kilómetros, cuenta la historia de los hijos de ésta quizá sea el mejor exponente- o una banda sonora de enorme poderío, desgarro, incluso de tintes místicos y épicos. Firmada por Angelo Badalamenti estamos ante algunas de las composiciones más hermosas y afligidas que se recuerden, muy en la línea con el mensaje subyacente de la obra audiovisual. Imagen y música casan a la perfección en una película que, en ocasiones, vale más por sus silencios que por sus palabras. En este sentido hacemos referencia al fragmento final, prácticamente sin diálogos (“¿Has venido a verme en ese trasto?”), en la que la sola imagen de la segadora dice más que cien páginas de texto y que ponen el broche final a esta travesía por los sentimientos más nobles y puros del ser humano. Todo y esto y más consiguió Lynch con un relato, recordemos, nada cinematográfico. Impresionante. 

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6 pensamientos en “Una historia verdadera

  1. De nuevo enhorabuena por tu análisis. Al leerlo he conocido más cosas del director y de la película (es la primera película suya que veo) y quiero volverla a ver. La disfruté mucho, me ha gustado el protagonista, las imágenes, la musica….

    • Yo sólo había visto las dos películas que he puesto en la crítica, “Corazón salvaje” y “Carretera perdida”, pero no tienen nada que ver con esta. La película es increíble… me tuvo hechizado de principio a fin. A mi madre también le gustó muchísimo, hizo bien en venirse. También yo tengo ganas de verla de nuevo.

  2. Preciosa película. A mí me gustó muchísimo y no me pareció lenta. Creo que es una de las películas que más entretenida me ha tenido. Es tan bonita…

    • Yo la vi el otro día por primera vez y terminé impactado. Creo que ni pestañeé de principio a fin, pero alguien dijo en la sala que era lenta. ¿LENTA? Sí, creo que quien dijo eso tenía mucha sensibilidad… Opino como tú! 🙂

    • Subrayo todas y cada una de tus palabras. Yo sólo la he visto 2 veces, pero la recuerdo como LA MEJOR película de Lynch. Me puso los pelos de punta, tanto las interpretaciones, como las imágenes y las actuaciones. Sublime.

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