Lo que el viento se llevó

Existen películas sobre las que se podrían escribir enciclopedias enteras, por su privilegiado lugar en la historia del cine y por su marcada, decidida, y preconcebida dimensión épica. Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939), la película más larga -224 minutos-, más cara -casi 4 millones de dólares- y más premiada -ganó 10 Oscar-  rodada hasta la fecha, es una de ellas. Considerada por muchos como la obra más famosa de cuantas se han rodado, esta adaptación de la novela homónima y ganadora del Premio Pulitzer de Margaret Mitchell, es un drama romántico que gira entorno a cuestiones tan relevantes como la guerra, la esclavitud y el hambre. Pero, por encima de todo, es el relato de una joven rica y caprichosa, Scarlett O´Hara (Vivien Leigh), residente en una plantación sureña, obligada a madurar prematuramente debido a los infortunios del destino; experimentará en sus propias carnes el poder destructor de la guerra y se verá abocada a construir su propio imperio, de Tara, tras quedar arrasado. Estamos, en este sentido, ante la crónica de una pérdida. Con este telón de fondo como auténtico leit motiv, la película se centra principalmente en los amores y desamores de la seductora terrateniente, encaprichada con Ashley (Leslie Howard), a su vez prometido con su prima Melanie (Olivia de Havilland). Sin embargo, la llegada a su vida del mujeriego y vividor Rhett Butler (Clark Gable), el cual queda prendido de la joven nada más conocerla, supondrá un importante punto de inflexión.

Ambientada en Georgia, con una acción que transcurre entre 1961 y 1973, Lo que el viento se llevó se puede dividir en dos partes claramente diferenciadas: en la primera parte, correspondiente a los 100 primeros minutos, se nos presentan a los personajes, se esbozan las principales líneas argumentales de la cinta y asistimos al estallido de la Guerra de Secesión. La escena de Scarlett O´Hara poniendo a Dios por testigo de que jamás volverá a pasar hambre, tras regresar a su hogar y observar que donde antes había lujos y riquezas ahora tan sólo queda una plantación de rábanos, cierra esta primera mitad de la obra. Tras esta mítica estampa con la imborrable banda sonora de Max Steiner en un primerísimo plano -que no ganase el Oscar es una de las grandes injusticias de la historia de estos premios-, da comienzo los 120 minutos restantes de función. Aquí, en plena posguerra, somos testigos de una protagonista cuya personalidad ha dado un giro de 180 grados; estamos ante toda una mujer que, tras ser azotada por el ciclón de la guerra, se ha vuelto en un ser independiente, férreo, valiente; ha experimentado cómo en la vida no hay nada eterno y que el principio de vulnerabilidad está por encima de cualquier collar de perlas (“Contemple bien todo esto, es un momento histórico, podrá contar a sus nietos cómo vio desaparecer el sur en una sóla noche”, le dice Rhett, tras la famosa escena del carruaje, haciendo referencia al combate librado entre norte y sur). No obstante, es una lástima que, tras una primera parte excepcional, de una belleza sobrecogedora -la escena del padre de Scarlett explicando a su hija el valor de la tierra es absolutamente inmortal-, este último tramo del film se muestre más tedioso, lento e, incluso en ocasiones, aburrido. Nunca entenderé esa manía innecesaria de alargar innecesariamente determinadas películas, obviando la máxima de “lo bueno si breve dos veces bueno”, por mucho de que la película de la que estemos hablando sea Lo que el viento se llevóEsto no quita, ni muchísimo menos, que el resultado final no sea sobresaliente, pero una hora menos de metraje hubiera beneficiado enormemente tanto a la película como al espectador, que evitaría así hacer paradas fisiológicamente obligatorias en cada visionado.

Rodada por cinco directores diferentes, aunque finalmente el que haya pasado a la historia haya sido Victor Fleming, el auténtico alma de la película fue su productor, el prestigioso David O. Selznick. Fue no sólo quien escogió a los actores principales -el papel que encarnó Vivian Leigh fue tan demandado como difícil de conseguir-, sino que además suya fue la idea de filmar la película en color, la primera hasta entonces, algo que le valió un premio Oscar especial. Además de este excelente uso del denominado technicolor, en el que sobresalen esos cielos rojizos encendidos que bien podrían simbolizar la pasión sobre la que se sustenta el filmLo que el viento se llevó también nos regala frases que han pasado para la posterioridad, como la de “francamente querida, me importa un bledo” -que desafió a la censura- o ese último “mañana será otro día”, que pone el brocho de oro a una película para las estanterías de todo aficionado a las grandes historias. Ni siquiera su apoyo exceso en los textos para contextualizar la acción, ni unos saltos temporales por momentos risibles -algunos correspondientes a los distintos y poco creíbles enlaces matrimoniales de la protagonista- le restan enteros a una obra en la que también sobresale un diseño de vestuario espectacular, fruto de un trabajo de producción impecable cuyo uno de sus mayores méritos fue la escena del incendio -a pesar de que en realidad lo que se quemaron fueron los decorados de King Kong (1933)-. También juega a favor de la película un final alejado del happy end y que bien podría equivaler en la época al made in Hollywood. Hasta en esto, en un final tan abierto como atípico, hizo historia una película que también consiguió el primer premio Oscar para una persona de raza negra. Fue para Hattie McDanield, por su papel de Mami.

La película, a la que Titanic (James Cameron, 1996) -una de las pocas películas que le alcanzan en grandiosidad, en todos los sentidos de la palabra-, rinde homenaje en determinadas escenas, como la del corsé o las escaleras (espléndida presentación del personaje de Bhett), es cine en todos los sentidos y extensión de la palabra. Una obra, en definitiva, de una magnitud sobrecogedora, de las que te marcan para siempre y que, como mínimo, hay que visionar una vez en la vida. Repetirás.

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4 pensamientos en “Lo que el viento se llevó

  1. Gran clásico del cine, cuantas veces la he visto por el período del Día de todos los santos, con una tradición en mi casa “palomitas y vino”. Escarlata siempre me ha dado grima, repelus, y será recordada por su gran frase: “PONGO A DIOS POR TESTIGO……..” con esa maravillosa música de fondo “TARA TARA TARA TARATARARATARA” a que has cogido el ritmo XD. La mejor Mami: ” Señorita Escarlata, señorita Escarlata.

    • jaja, sí, más o menos he cogido el ritmo. Mami fue la primera actriz negra en ganar un Oscar y confieso que hubo un momento de la película que tanta “Señorita Escarlata” me saturó. 😛 Hay muchas escenas míticas, aunque la que haya pasado a la historia haya sido la de “A Dios pongo por testigo”. Me encanta cuando la programan en televisión a las 16:00 horas -después del Telediario- y la emiten hasta las 21:00 horas -antes del segundo Telediario-. jaja. Dura 4 horas, pero en la televisión siempre ocupa 5 por la publicidad.

  2. en que momento de la peli sale lo de “Señorita Escarlata, señorita Escarlata” lo necesito para un montaje de audio y video, y no me pienso tragar 4 horas de película..
    QUIEN ME AYUDA !!! ???

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