Secuestrados

Pocas películas pueden presumir de haber dejado a un prestigioso festival de terror como Sitges en estado de shock. Secuestrados (Miguel Ángel Vivas, 2010) es una de ellas. De temática poco habitual en en nuestro cine, lo que verdaderamente distingue a esta película, convertida ya en un clásico instantáneo del terror, del resto es su apabullante realismo. Partiendo de la premisa argumental que en su día marcaron títulos como Funny Games (Michael Haneke, 2007 -el remake-) o Buried (Rodrigo Cortés, 2010), Secuestrados, esta condena al terror cotidiano que vemos todos los días en la prensa y del cual cualquiera de nosotros podríamos ser partícipes en algún momento de nuestras vidas, se desenvuelve en medio de un clima asfixiante, casi desolador, que agarra al espectador y le hace partícipe de la historia de la manera más salvaje posible. Inspirándose en la obra maestra de Haneke antes citada, en este film de Vivas -que no tiene nada que envidiar al del genio germano-austriaco- se nos narra la historia de una familia que se traslada a un lujoso chalet de una envidiable urbanización situada en las afueras. Todo transcurre con normalidad hasta que, en plena mudanza, son sorprendidos por un grupo de encapuchados que, sin importarles lo más mínimo los daños físicos y materiales que dejen a su paso, empiezan a exigir la mayor cantidad de dinero posible.

Los protagonistas en cuestión son Jaime (Fernando Cayo), Marta (Ana Wagener), un adinerado matrimonio, e Isa (Manuela Vellés), su hija. Un acertado casting para unos actores que se enfrentaron en esta película al que quizá sea el mayor desafío de sus carreras, ya que el director los logra poner en todo momento en una situación límite. Partiendo de un detalle tan cotidiano como es la discusión entre una madre y su hija adolescente porque ésta primera no le deja salir de fiesta -precisamente la noche en la que se disponen a estrenar su nuevo hogar-, enseguida se revela que la intención del director es mostrar al espectador, de forma increíblemente explícita, en qué consiste esos casos de secuestro -cada vez, por desgracia, más habituales en prensa- y la angustia a la que se tienen que enfrentar sus víctimas. En este sentido, Miguel Ángel Vivas no ahorra en recursos propios del cine de terror, como sustos de todo tipo -de hecho, el origen de la trama principal se produce a raíz de la rotura de un cristal que provoca uno de los mayores sobresaltos de la función-, sangre por doquier y una tensa banda sonora. 

Vivas no se priva, aún a riesgo de lo que eso supone, en rodar la historia de la forma más verídica posible, para lo que usa principalmente dos recursos: unos efectos especiales realmente conseguidos -y de los que podrían tomar nota otros muchos directores- y el empleo constante, además de la técnica de una eficaz pantalla partida, de unos muy conseguidos planos secuencia en torno a diez minutos de duración y que son el gran acierto del film; de hecho, la película se estructura en base a esta técnica cinematográfica tan compleja, máxime en esta historia en la que un sólo fallo de los actores en esta extrema situación o un efecto especial mal colocado, obligaría a repetir la escena desde el principio. Son sólo dos de los desafíos que asumió un director, que aunque anteriormente había hechos su incursión en el género con Reflejos (2001), que aquí se reveló como la gran promesa del cine de terror patrio -Plazas y Balaguerós aparte-. 

Secuestrados, de los productores de Celda 211 (Daniel Monzón, 2010), supuso un soplo de aire fresco a un panorama casi desolador en el género de terror -con tintes gore– no sólo español, sino también internacionalmente. La película, presentada a diversos festivales donde ha recibido estupendas críticas, ha conquistado a críticos de todo el mundo por su marcado carácter polémico y porque, sobre todo, aborda una cuestión tan universal con el que todos nos podemos sentir identificados: ¿qué ocurre cuando atacan nuestro propio hogar, nuestro más preciado refugio? El director quiere dar a entender que lo más sagrado que tiene el ser humano es la intimidad y que, cuando ésta es dilapidada por terceros, ya poco le queda. En efecto, aquí no hay exorcistas, ni pshyco-killers que valgan, ni siquiera ladrones de medio pelo… no. La amenaza de Secuestrados son unos secuestradores altamente profesionales y cualificados, de esos que salen prácticamente a diario en la prensa y contra los cuales no podemos luchar. Así, la película nos sitúa ante un temor real, latente en nuestra sociedad, y lleva la historia hasta las últimas consecuencias sin importarle que escenas como la de la violación puedan ser consideradas de mal gusto o impertinentes como equivocadamente piensan algunos. ¿Impertinentes? Lean la prensa, señores. Lean lo que son capaces de hacer estas organizadas bandas de encapuchados y, quizá, puede que quizá les parezca que la película incluso se queda corta en su principal propósito. Además, que a estas alturas de la película -y nunca mejor dicho- nos echemos las manos a la cabeza por la escena de una violación es inaudito. 

Pero no todo son virtudes en un film lastrado por algunos detalles: en primer lugar, el plano secuencia inicial resulta tan desconcertante como prescindible. Por más vueltas que le doy, no consigue ver qué relación tiene -al menos de manera directa- con la trama principal de la película. En segundo lugar, al igual que el trío de actores protagonistas está insuperable, conviene apuntar el mejorable trabajo de algunos actores secundarios como el chico que encarna a César. Asimismo, y aunque no supone un inconveniente en sí para el posterior desarrollo de la historia, tampoco es muy positivo que a los cinco primeros minutos de función ya sepamos quién es uno de los integrantes de la banda de secuestradores. También se nos ofrece alguna situación un tanto inverosímil como la del cajero automático. Dejando al margen estos aspectos mejorables, esta gran sorpresa de nuestro cine, un título de culto para los amantes del terror, es una de las mejores películas que ha dado el panorama español en los últimos años. No concede un sólo minuto de respiro, no hay pausas narrativas que valgan. Secuestrados va directa al corazón. Se acabaron las tonterías.

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2 pensamientos en “Secuestrados

  1. La veré, me llamó la atención cuando la proyectaron en el festival de Sitges. Manuela Vellés, que se ve como si estuviera acojonada. Cuando la vea te digo la critica

    • Te va a encantar Adlino! Ya sabes que yo la tengo original, así que cuando te apetezca te la dejo. Eso sí, no la veas después de comer…no es aconsejable. Manuela Vellés hace la interpretación de su vida… como todo el elenco. Es extrema a más no poder… y mira que yo estoy acostumbrado a películas tipo SAW o HOSTEL, pero lo que aquí da miedo es su REALISMO. Ya lo verás.

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