El Graduado

El comienzo de El graduado (Mike Nichols, 1967) no puede ser más metafórico: se nos presenta a Benjamin Braddock -un Dustin Hoffman que pasó de ser un desconocido a una gran estrella-, un joven a punto de cumplir los 21 años que acaba de llegar a San Francisco, sobre la cinta transportadora de un aeropuerto. Es la manera en la que el director nos ofrece los títulos de créditos, bajo la legendaria The sounds of silence de Simon and Garfunkel, pero también la forma de retratarnos a un ser impasible, sin rumbo fijo, arrastrado por un incierto destino. Y todo ante la ausencia total de diálogos. Es sólo un genial detalle de este emblemático y revolucionario film de la década de los 60 cuyo eje vertebral es, a través de un enfrentamiento entre el amor verdadero y una primitiva aventura amorosa, indagar en la personalidad del joven Benjamin en una edad de despertar sexual, de probar cosas nuevas y encontrar el camino hacia la búsqueda del propio yo, sirviendo este tema central al director como excusa para ofrecer -además- un retrato de la sociedad americana de los años sesenta. 

El retrato cinematográfico que Nichols, ganador del Oscar por este trabajo, nos ofrece de Benjamin es bastante esclarecedor: estamos ante alguien que siente la imperiosa necesidad de escapar de un mundo de lujos en el que se ha visto envuelto, lo que le ha llevado a convertirse en un ser asocial. Preocupado por su futuro, aún no dispone de las armas necesarias para enfrentarse a él; en este sentido no es muy diferente a cualquier joven de 20 años. La vía por la que optará nuestro protagonista es mantener una relación sexual clandestina con la provocativa esposa de uno de los clientes de sus estrictos padres. La mujer en cuestión, MrsRobinson  (Anne Bancroft), le dobla la edad, algo que en un principio escandalizará a nuestro joven y protagonizará momentos como los que se dirige a ella diciendo eso de: Señorita Robinson, está usted tratando de seducirme, ¿no es verdad?”. Un momento tan difícil de olvidar como ese plano secuencia de la conversación entre el marido de ésta y el joven en el salón de su casa o el extraordinario uso del zoom y la búsqueda incesante del encuadre más atractivo y rico en significado.

Sin embargo, cuando Benjamin conozca a la hija de esta, Elaine (Katherine Ross), será cuando realmente descubra que no hay mejor camino para la madurez que encontrar el amor verdadero. Aunque resumida así pueda parecer el argumento de un folletín barato, lo cierto es que El graduado no es, en esencia, una historia de amor; lo que nos están contando es el proceso de maduración de un  joven, sin renunciar en ningún momento a erigirse como un testimonio de la una sociedad americana arcaica -ahí están los padres del protagonista- y de valores caducos. En este sentido, en el de esas familias de clase media-alta aferradas al eterno sueño americano, podríamos considerar a cintas tipo American Beauty (Sam Mendes, 1999) como una revisión moderna de El graduado. 

La película se desarrolla en dos partes claramente diferenciadas: en la primera, en la referida a los coqueteos sexuales entre Benjamin y Robinson, la película demuestra ser un prodigio de guión, ritmo y realización. El director juega con oníricas secuencias -la de la piscina-, obviando en todo momento la parte morbosa del asunto y abordando la relación entre ambos con toda la sutilidad posible. En la segunda mitad del film, que corresponde a los últimos 50 minutos, por el contrario, la cinta se desinfla en el argumento y el guión presenta algunas lagunas. Por ejemplo, no está lo bien explicada que debería la relación que mantiene Benjamin con Eloise, ni la de Eloise con su futuro marido y, por tanto, el final del film deja un sabor agridulce, por mucho que el mensaje que se quiera transmitir sea correcto y que en los últimos 15 minutos vuelva a alzar el vuelo. Otro de los defectos del film es lo que, a priori, es su mayor baza: la banda sonora. A pesar de que de ella se encargan uno de los dúos musicales más prestigiosos del siglo pasado como son los Simon and Garfunkel, el director cae en el error de abusar de forma indiscriminada del mítico tema principal, The sounds of silence. Una omnipresencia que, lejos de jugar a favor del film, llega a cansar al espectador, por mucho que se hagan uso de otras piezas musicales como la que llegaría a titularse Mrs. Robinson, en un genial guiño a la protagonista de la película; protagonista a la que, curiosamente, sólo le separaban de Dustin Hoffman 6 años en la vida real -ella tenía 36 y él 30-.

El graduado es una comedia, sí, pero no busca la risa fácil. También podríamos considerarla un musical, por todos los minutos que le dedica el director a las piezas musicales que, en ocasiones, juegan un papel decisivo el desarrollo narrativo de la historia. Pero, por encima de todo, es una vanguardista historia trágica, que bajo su barniz de irreverencia y desenfreno, esconde una triste verdad. Además de revelar esa falta de comunicación en el ámbito social y familiar, nos hace plantearnos la siguiente pregunta: cuando has conseguido lo que quieres en la vida, ¿qué más te queda esperar? La escena final del film, lejos de ser un happy end como mucha gente piensa, es la más descorazonadora de todas: dos jóvenes que han roto con las reglas sociales establecidas, que huyen en busca de una vida mejor, que han desafiado incluso a sus propias familias… pero no hablan. Sus rostros están impasibles, ni siquiera son capaces de mirarse a la cara. La pregunta es obligada: ¿realmente han conseguido lo que querían? 

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6 pensamientos en “El Graduado

  1. Fantástica película y fantástica música. Tu crítica también fantastica, como siempre. Si he de objetar algo es respecto a la música, a mi no me cansa escuchar “The sounds of silence ” al contrario, es como si a traves de ella (la música) comprendieses los sentientos de Benjamin.

    • Me alegro que te guste, Mar. La música no se puede negar que es de lo mejor de la película, sobre todo la canción “The sounds of silence”, pero en mi modesta opinión creo que que sale demasiado, aunque sí que es verdad que sirve para comprender la forma de pensar de Benjamin. Esta película la vi por Estrella, y por el poster que tiene de ella en su (antigua) habitación! jaja

  2. Gran película y rompedora en su momento, proponiendo una serie de escenas que sería un escándalo entonces y que hoy no sería tan escandaloso (madre tirando los trastos al novio de tu hija, si no recuerdo mal). Fantástico reparto.

    • Recuerdas perfectamente, la madre le tira los trastos al novio de su hija, incluso le amenaza con desvelarle que estuvieron liados antes de salir con su hija. Dustin Hoffman está soberbio… y la banda sonora es lo mejor del film. Era una de mis películas pendientes y la verdad es que no me ha defraudado.

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