Fargo

Debo confesar que una de mis mayores heroínas del cine no son ni Catwoman ni La Mujer Invisible. Ni siquiera tiene superpoderes. O bueno, tal vez sí. Porque hay que tener sin duda un talento fuera de lo común para resolver un crimen de la forma tan astuta e inteligente como lo hace la protagonista de Fargo (Joel Coen, 1996), la inspectora de policía local Marge Gunderson (Frances McDormand, esposa del director en la vida real). Sobre esta excéntrica mujer, embarazada de siete meses y con antojo de cafeína y  hamburguesas, recae la mayoría de una película sustentada en el principio de La ley de Murphy (esa que reza que si algo puede salir mal, saldrá mal) y en la que Gunderson deberá investigar un triple asesinato. Estamos, con esta oficial que no necesita recurrir a ningún equipo de investigación a la hora de cumplir su misión, ante uno de los roles mejor radiografiados de la filmografía de los Coen, y eso que en Fargo los cineastas estadounidenses nos presentan una galería de personajes en su mayoría fracasados, tan cegados por la codicia como absolutamente memorables.

El tema central de la película, el verdadero leit motiv, es un secuestro que ya se plantea en la escena que abre el film -todo un acierto, los Coen van directos al grano-, en la que Jerry (William H. Macy), un aparente respetable padre de familia, se reúne con los delincuentes Carl (Steve Buscemi) y Gaear (Peter Stormare), a los que ordena secuestrar a su mujer. Lo que Jerry pretende es conseguir el dinero del rescate, que pagaría su adinerado suegro, para así poder montar un negocio. Sin embargo -como suele ser habitual en los Coen- las cosas no salen como estaban previstas y lo que en un principio iba a ser un simple caso de secuestro -la escena en la que raptan a la mujer, con sorpresa incluida, es magistral- se va tornando cada vez más complicado, dejando a su paso un goteo incesante de asesinatos. Así, los homicidas se ponen en contacto con Jerry para comunicarle: “Necesitamos más dinero porque ha habido tres víctimas y hemos corrido riesgos”. La hábil agente Gunderson no tarda en investigar.

Con este argumento se va construyendo una película enmarcada dentro de la mejor comedia negra, que además de ser un título clave de los 90, es uno de los más brillantes exponentes del cine independiente americano de la historia. Prueba de ello es su bajo presupuesto y la ausencia de grandes estrellas -innecesarias, por otra parte- en el reparto. A lo que no renuncian los cineastas es en la dimensión del mensaje del film, que sitúa al dinero en el principal punto de la diana, como una de las principales causas de todos los males de la sociedad. En este sentido va orientada la escena final de la obra, correspondiente al monólogo de Gunderson en el coche policial mientras dice la antológica frase de: “¿Y todo por qué? ¿por un poco de dinero? Hay cosas en la vida más importantes que el dinero, ¿sabes?”. Y en estos minutos es donde la película logra todo su esplendor, ofreciendo un interesante símil entre la situación de dos familias: la de Jerry, que en un principio tenían todos los ingredientes para triunfar en la vida y que acaba rota por la avaricia y el afán de capital, y la encabezada por la agente Gunderson, de marcado carácter humilde y sencilla, pero mucho más unida que la primera. Mucho más feliz.

Sin embargo, no es la grandiosa de su mensaje la única virtud de un film en la que también destaca la onírica fotografía de Roger Deakins. Imposible olvidar esos cuidados planos generales de esas carreteras desérticas y paisajes devorados por una nieve que contrasta con la sangre que se derrama durante todo el metraje, en la que quizá sea una metáfora de cómo la codicia -la sangre- contamina a una sociedad primitivamente pulcra -la propia nieve-. Junto con el trabajo de fotografía, también merece la pena resaltar la música del músico fetiche de los Coen: Carter Burwell que, como sucediera en Valor de ley (2010), compone algunas de las mejores piezas de su carrera y ayudan a envolver al film en una gélida atmósfera -en todos los sentidos- de principio a fin. No obstante no todo son halagos a una historia que, si bien sabe mantener el pulso narrativo en todo momento, ofrece una escena desconcertante como la protagonizada por la inspectora Gunderson y un tal Mikela película no especifica qué sentido tiene esta reunión entre ambos y tampoco aclara de dónde ha salido un personaje que parece que poco tiene que aportar a historia.

Por otro lado, y haciendo alarde de su genialidad, los Coen ofrecen interesantes detalles de gran cine: ahí tenemos esa simbólica estampa de la estatua de un montañero, cargando un hacha, donde se puede leer: “Welcome to Brainerd”Tampoco podemos pasar por alto esa sutil forma de aplicar las transiciones de lugar, como bien demuestra esa televisión a través de la cual se nos transporta a la habitación donde Gunderson están con su marido. Detalles, estos, que nos recuerdan que estamos ante un film de dos directores que invitan al espectador a amar el mundo del cine -ganó el Oscar a la Mejor Actriz y al Mejor Guión Original, además del premio al Mejor Director en Cannes- y que, en ciertos momentos –como la antológica escena de la trituradora de madera, imitada hasta la saciedad- lo logran dejar sin palabras, alcanzando la perfección más absoluta.  

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7 pensamientos en “Fargo

  1. Han pasado muchos años desde que vi la película.Gran película de los hermanos Coen, y fantástico reparto, como protagonista principal, la nieve, nieve por todas partes.

  2. Destacaría el personaje casposo del vendedor de coches, como él solito se va consumiendo en la desesperación del modo más patético posible. Es genial.
    El momento desconcertante del q hablas yo lo interpreté como la reafirmación de la seguridad q desprende la inspectora jefe, igual en su vida personal que en la profesional. Una película curiosa la verdad!

      • Yo creo que es la única de los Coen que he visto…dame otra recomendación!!! Has visto la última de Sidney Lumet ‘Antes que el diablo sepa que has muerto’? Esa sí que me impactó!

      • Pues te recomiendo “Valor de Ley”, también de los Coen, y para mí su mejor película con diferencia. Es magistral en TODO. Ya me contarás. Yo me apunto tu recomendación de Sydney Lumet, un director al que admiro. ¡Pronto la verás en el blog! 🙂

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