American Beauty

Alguien dijo alguna vez eso de “hoy es el primer día del resto de nuestras vidas”, y bien podría ser la premisa bajo la que nace American Beauty (Sam Mendes, 1999), una película tan amarga como agridulce, pero en la que subyace un mensaje liberador y de esperanza que es lo que hacen de ella algo grandioso. La ópera prima del director británico, con la que debutó en EE.UU con 33 años tras una larga experiencia como director teatral en su país natal, fue la gran sorpresa del año, consiguiendo, Mejor Película y Director incluidos. Estamos ante una obra cuidada, en la que todos sus detalles -por pequeños que sean- no están dispuestos al azar, al igual que unos estudiados personajes que cumplen perfectamente su función: diseccionar una sociedad americana podrida, superficial e hipócrita. Mendes dilapida, con convicción y convencimiento, el llamado sueño americano. 

El ácido guión de la película que dibuja un padre de familia infeliz, sobre todo por tener a una familia que es un desastre: por un lado está su mujer Carolyn (Annette Bening), egoísta, caprichosa e infiel, y, por otro, su hija Jane (Thora Birch), una adolescente rebelde que no se habla con su padre y que sueña con aumentarse los pechos. Su familia vecina, los Fitts, no son mucho más normales. El verdadero problema comienza cuando Lester se enamora de la mejor amiga de su hija, Ángela Hayes (Mena Suvari), hasta el punto de empezar una relación clandestina con ella, con la única persona que parece haberle devuelto la felicidad. La película en sí es una mordaz e inteligente crítica a la sociedad americana de clase media-alta, esa que reside en barrios residenciales y poseedora de todo aquello políticamente correcto: fama, dinero, poder o buenas mansiones. El mensaje del director, que lanza una incisiva mirada a todo lo que se esconde detrás de esas paredes, es demostrar cómo esta sociedad se preocupa más por el aparentar que en valorar todo aquello que realmente tienen y a lo que no dan ninguna importancia. En este sentido están orientadas las tres relaciones sentimentales que establecen cada uno de los miembros de la familia principal, entre la que destaca, por su naturaleza y romanticismo, la protagonizada por Jane y su vecino Ricky (Wes Bentley), un chico de padre nazi que vive con el objetivo de captar la belleza de las cosas a través de su cámara de vídeo; una belleza que no todos pueden ver y que será la que protagonice esa antológica escena de la bolsa, la prueba de que hasta el detalle menos pensado puede transmitir la mayor de las emociones. Incluso una simple bolsa volando por los aires: todo depende de cómo la mires. Y Ricky mira a Jane como nunca antes nadie la había mirado: memorable es la escena en la que rechaza centrar el objetivo de su cámara en la explosiva Ángela y se limita a recrearse en un primer plano de Jane, esa chica en la que nadie se fija, en la que es bella de verdad. 

Nadie es quien dice ser en esta historia de roles perfectamente dibujados, de personajes que sorprenden por sus giros de guión, como bien demuestra Frank Fitts (Chris Cooper), el padre de Ricky, un férreo homófobo que descarga toda su frustración contra su hijo y que, en un genial golpe de efecto, se desvelará como un gay reprimido. Porque en American Beauty nada es lo que parece, y esa bolsa de la que antes hablábamos viene a representar cada uno de los personajes principales, ya que en el fondo, la mayoría de ellos son bellas personas ocultas tras unas máscaras que les impiden ver la verdadera realidad. Ahí tenemos a la provocativa Ángela, encontrando  atractivo a un hombre que se autodefine como un “fracasado“, a Lester viendo en Ángela eso que necesitaba para encontrar el sentido de su vida, a Ricky enamorado hasta la médula de Jane, a pesar de que ella está descontenta con su físico y su personalidad… Lo importante es que todos, en algún momento de la película, hacen feliz a alguien. 

Estamos pues ante una obra madura y reflexiva, que nos regaló algunas de las escenas más iconográficas de la historia del cine -esos pétalos de rosa cubriendo el cuerpo de una joven-. Junto a esto, American Beauty también será recordada por la gran interpretación de la carrera de Kevin Spacey, junto con la del psicópata de Seven, cuya voz en off del protagonista al final del relato seguirá resonando en nuestras mentes una vez acabado el pase.

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7 pensamientos en “American Beauty

  1. Me encanta esta película, la opera prima de Sam Mendes. No ha podio hacer una mejor fotografía de una famila de una residencial americana, donde nadie es lo que dice ser. Guión mordaz, humor negrísimo. Me marco un par de frases de la peli que me encantó:.”No importa cielo, quiero que seas feliz, ¿quieres salsa sonriente también?”. Un matrimonio muy feliz, se ve en la película y la otra que me marcó “Me llamo Lester Burnham. Este es mi barrio. Esta es mi calle. Esta es mi vida. Tengo 42 años. En menos de un año habré muerto, claro que eso no lo sé aún. Y en cierto modo, ya estoy muerto. Aquí me tienen, cascándomela en la ducha. Para mí el mejor momento del día. A partir de aquí, todo va a peor”. BRUTAL EL COMIENZO

    • la frase del comienzo es alucinante!! te engancha que no veas! muy buenas frases las dos que has escogido… yo tengo que confesar que la vi el otro día por primera vez y me impactó muchísimo, es una película que esconde muchas cosas y llena de simbología… Me recordó un poco a Mujeres Desesperadas, a esas familias que detrás de sus paredes esconden una doble vida… Muy buena peli, no me extraña que la hayas visto!

  2. Gran película, en su momento fue la bomba! Me encantó el ritmo, los actores: Spacey y Bening estan sublimes. En fin, te felicito de nuevo por tu crítica, siempre tan entendedora! Un beso

    • Coincido contigo: en su momento esta película pegó muy fuerte, y yo creo que ruborizó a gran parte de la sociedad americana por descubrir sus vergüenzas. Los actores como bien dices están insuperables, sobre todo Spacey, quizá la mejor interpretación de su carrera. Otro beso para ti ! 🙂

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