Seven

Junto con El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), el otro gran thriller de los años 90 fue, sin duda, Seven (David Fincher, 1995). Ambas películas, imitadas hasta la saciedad, no sólo supusieron un soplo de aire fresco en el cine de intriga y policíaco, sino que además reinventaron las bases del género. Seven, en este sentido, sirvió como modelo y referente a muchas producciones posteriores, si bien ninguna ha alcanzado la maestría que en su día logró la que es la gran pieza de la estimulante filmografía de Fincher -en la que, además, se hace referencias tanto explícitas como implícitas a la obra maestra de Demme-. Ya desde los potentes y estéticamente innovadores títulos de crédito, el director nos advierte que estamos a punto de asistir a una función no apta para públicos sensibles y que rompe con todo lo establecido hasta la fecha. La misteriosa atmósfera que envuelve al relato, debido en parte a su oscura y turbia fotografía, es palpable ya casi en el minuto uno. No hay concesiones al espectador sensible en una obra de más de dos horas de duración plagada de imágenes imborrables, crímenes atroces y estampas sobrecogedoras. 

Gula, avaricia, pereza, lujuria, soberbia, envidia e ira. Estos siete pecados capitales, a los que hace referencia el título de la película, serán el verdadero leit motiv de la misma, esto es, la razón que lleva al asesino a actuar. El veterano inspector Somerset (Morgan Freeman) y el novato detective David Mills (Brad Pitt), ambos del departamento de homicidios, deberán unir sus fuerzas y atrapar a un sádico y metódico asesino que elige a sus víctimas según si han cometido o no alguno de estos pecados mortales. Así, se va desarrollando una historia visceral perfectamente estructurada -no sólo a la hora de dividirla en días de la semana, fórmula imitada en películas como Mientras duermes, de Jaume Balagueró (2010), sino también a la hora de dosificar los crímenes-, en la que destaca un guión sólido, que conjuga hábilmente elementos del mejor cine de terror, thriller e intriga, sin renunciar a unas escenas de acción que, lejos de ser un enganche comercial, resultan del todo justificadas en la obra (la persecución por el edificio de Brad Pitt y el presunto asesino quizá sea la que mejor ilustre este tipo de escenas).

Apoyada en el concepto de buddy film -o, lo que es lo mismo, una película que muestra la amistad entre dos hombres como parte fundamental de la trama-, otro aspecto inteligente del guión es el genial retrato que hace de los dos personajes principales, condenados a entenderse a pesar de sus contrapuestas personalidades. Así, por un lado se nos muestra el retrato del teniente Somerset, un hombre a punto de jubilarse, sabio, con tintes intelectuales, pausado en sus investigaciones y admirablemente reflexivo. Por el contrario, el perfil de su compañero de fatigas, Mills, es el de un joven inexperto, poco paciente, dominado a menudo por sus impulsos primarios. A pesar de que las características de ambos están muy visibles durante todo el metraje, la escena que mejor las ejemplificada es la de la biblioteca: resulta espléndida la forma que tiene Fincher de narrar dos formas de ser radicalmente opuestas la una a la otra sin hacer uso en ningún momento de la palabra, sustentando la acción básicamente en la inspiradora pieza musical “Air on the g string”, de Bach. En este fragmento, además, se revela otro de los puntos fuertes de la película: un montaje medido al milímetro, que no muestra más que lo estrictamente necesario, y que además le valió la única nominación al Oscar que recibió la película.

A través de una hábil dirección, por la cual se logra involucrar al espectador en la hipnótica historia, Fincher -que cuatro años más tarde se consagraría con El club de la lucha, también protagonizada por Brad Pitt-, se reveló como un director visionario, sabiendo sacar el máximo jugo posible a cada escena, a cada plano. Supo, también, lograr filmar un relato de interés creciente, con ecos del mejor cine de Hitchcock, sobre todo en la parte en la que a mitad del film el asesino se entrega a la policía -en la línea al asesinato en mitad de la función de la protagonista de Psicosis, Janet Leigh-, ante un perplejo espectador que observa que, justo en el momento en el que la investigación comenzaba a tomar rumbo, la principal cuestión de la trama queda resuelta. Al finalizar la película, no obstante, comprendemos que no ha sido más que una estudiada treta de director y guionista para construir uno de los finales más impactantes y excitantes de cuantos ha dado el cine moderno. Imposible pasar por alto el duelo interpretativo entre un Brad Pitt y un Kevin Spacey -quien, por cierto, aceptó su participación en la película a cambio de no figurar en los títulos de crédito iniciales, sino en los finales-, en una escena en mitad de ninguna parte, a punto de que sus vidas cobren un rumbo inesperado. “Vemos un pecado capital en cada esquina, en cada casa, y lo toleramos mañana, tarde y noche. Lo que quiero es volver cada pecado contra su pecador”, revela el asesino, en el momento en el que, acompañado por ambos agentes en un coche patrulla, se dirigen a una zona desértica donde se producirá un célebre clímax en el que al final no habrá ni vencedores ni vencidos. 

Con referencias a la obra La divina comedia, de Dante Alighieri, en Seven también podemos ser testigos de una Gwyneth Paltrow en un papel, si bien puede parecer desaprovechado en ciertos fragmentos, la verdad es que al final cobra una relevancia absoluta y es a través de la cual se establece el principal dilema moral de la obra. Porque, bajo su envoltorio de cine de primer nivel, lo que convierte a Seven en el título de culto en el que hoy se ha convertido, es su gran trasfondo filosófico, el mostrarnos de la forma más ácida posible que, en ocasiones, la razón debe estar por encima de cualquier emoción. Porque, hacer lo contrario, puede ser un verdadero pecado mortal. 

Pd: memorable también la voz en off del teniente Somerset, recitando una frase de Ernest Hemingway: “el mundo es maravilloso y vale la pena luchar por él. Estoy de acuerdo con la segunda parte”. Un broche de oro a una película indispensable. 

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7 pensamientos en “Seven

  1. Grande Fincher como director de esta película de asesisatos, donde demuestra que es un gran director, véanse su películas posteriores. Grandes todos los personajes. Lo mejor de la película sin duda Kevin Spacey, mira que sale poco pero con muchísima calidad.

    • Llevas razón, en mi opinión la mejor parte de la película es a partir de la aparición de Kevin Spacey hacia adelante. De Fincher he visto esta película, “La habitación del pánico” (fallida a mi juicio), “El club de la lucha” (espléndida), “El curioso caso de Benjamin Button” (fallida) y “La red social” (genial). Un director irregular, pero capaz de ofrecer grandísimas obras maestras.

      • Perdone que discrepe contigo, pero para mi el curioso caso de benjamin button me parece una historia maravillosa. Soy de lo que me gusta historias de fantasía, como mi adorada DESCUBRIENDO JAMAS. Haber si vas haciendo una review de la película que se merece una

      • No digo que El curioso caso de benjamin button sea una mala peli, ni mucho menos, la historia me pareció como tú dices fascinante, pero me defraudó un poco. Quizá porque fui al cine con las expectativas muy altas… se nos vendió como la nueva “Titanic” y al final no hizo tanto ruido como pintaba. Y Descubriendo nunca jamás la vi hace tiempo, la tengo que volver a ver porque no me acuerdo muy bien de los detalles, sólo que al final acabé llorando! jaja, Un abrazo!

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