Martín (Hache)

Cuando el escritor y guionista de cine argentino Adolfo Aristarain rodó -la que para muchos es considerada la gran obra de su filmografía- Martín (Hache) (1997), el cineasta ya era responsable de obras como Un lugar en el mundo (1991) que bien podría ser también el título de esta película. Porque esta historia de conflicto generacional y de búsqueda de la felicidad que es Martín Hache se sustenta en un cuarteto protagonista que lucha por encontrar la felicidad, su propio camino, su lugar en el mundo. A través de una corrosiva y vertiginosa riada dialéctiva, el director nos presenta una obra que se apoya principalmente en un genial guión, que se revela aquí como el ingrediente principal para que la historia funcione. En efecto, son precisamente estos acertados diálogos -discursivos en muchos casos- los que otorgan al film, no sólo de un cierto aroma de teatralidad, sino también de una potente fragancia reflexiva, mordaz, hiriente, sarcástica… elevándolo a la categoría de culto. 

Esta coproducción entre Argentina y España, puede presumir de una perfecta radiografía de cada uno de los cuatros personajes principales, de roles muy diferentes. Así, nos encontramos en primer lugar con Hache (Juan Diego Botto), un joven de 19 años de familia desestructurada que vive con su madre, su padrastro y su hermana en Buenos Aires. Un día, su madre se cansa de vivir con él y lo manda de vuelta a Madrid, donde vivió hasta los 14 años. En la capital española reside desde hace cinco años Martín (Federico Luppi), su padre, un viejo director de cine ególatra, de mal carácter y que se ha acostumbrado a vivir en solitario, a pesar de que junto a su amante Alicia (Cecilia Roth), una mujer mucho más joven que él a la que no le dedica todas las atenciones que debería, y Dante (Eusebio Poncela), un bisexual epicúreo que vive como un nómada de hotel en hotel, amante de la heroína y enamorado de las mentes de las personas -la mejor escena del film-, ha formado una peculiar familia. Hache, que aún no ha encontrado su lugar en el mundo pero que sueña algún día con cambiarlo (en este sentido, la escena en el restaurante con su padre es esencial, cuando sale a relucir el tema de la patria), se sumará así a un trío tan variopinto como enriquecedor, donde todos aprenderán de todos y protagonizarán un flujo constante de miedos, frustraciones, inseguridades… en definitiva, de sentimientos. Cuatro maneras de afrontar la vida. Cuatro visiones diferentes de qué es la felicidad. Cuatro almas que formarán un lazo de unión tan férreo que se antoja indestructible, pero también mucho más frágil de lo que puede parecer.

Pero lo curioso es que los personajes se definen más por sus palabras que por sus actos, debido como he apuntado anteriormente a que estamos ante un film en el que el valor de la palabra es absoluto -algo que no hace sino invitar a futuros visionados para terminar de captar toda la esencia de un film desbordante de significado-, siendo la cual la que nos muestra la personalidad de los protagonistas. Así, escenas como la de la playa -escenario nada casual, con ese violento rugir de las olas del mar como un elemento purificador, como símbolo de la vida- cuando Alicia pronuncia eso de: “me perdí, estoy perdida”. O ese otro instante cuando Martín le confiesa a su amante: “me gusta estar con vos, pero me gusta estar sólo”, algo que no sólo pone sobre la mesa su egoísmo, sino su incapacidad para mantener cualquier tipo de compromiso; un hecho que será lapidario en esta relación. Por último, es también representativa de su persona la escena en la que Dante le aconseja a Hache en la discoteca: “la única realidad es tú realidad y lo que tú seas capaz de ver; mientras tú controles a las drogas no hay peligros… pero que ellas no te controlen a ti”. En el caso del hijo de Martín, la frase -o monólogo- que mejor lo define es el situado al final del film, por el que la obra alcanza todo su esplendor, toda su integridad.

La principal baza de Martin (Hache) es su fina sensibilidad a la hora de abordar la extrema complejidad de la condición humana a la hora de relacionarse con el mundo, con sus habitantes… en definitiva, a la hora de hacerle frente a la vida. Los personajes son complejos, superlativos, no caen en el dibujo facilón o en los tópicos mil veces vistos. Poseen vida propia y eso es algo que traspasa la pantalla. Una película repleta de vitalidad, de optimismo, poseedora de un torbellino de energía… pero que a la misma vez puede desarmarte y destruirte por completo. Quizá porque en tan sólo una de sus frases hay más verdad, más alma, más corazón, que en guiones enteros de muchas de las películas de hoy día. Como el instante en el que, antes de que los acontecimientos tomen un rumbo inesperado, el sabio Dante le revela a Hache que “ninguna mujer tiene dueño”.   Y, claro, el espectador no puede más que aplaudir ante la rotundidad de una afirmación abanderada de la libertad, en un mundo marcado profundamente por un machismo atroz, infecto, repugnante. 

Este gran espectáculo cinematográfico, que le valió el Goya a Cecilia Roth a la Mejor Actriz y la Concha de Plata al Mejor Actor en el Festival de San Sebastián a Federico Luppi cuenta, además de unas portentosas actuaciones -y el inicio de la fulgurante carrera de Juan Diego Botto, que aquí roza la perfección, al igual que un Eusebio Poncela en un papel que parece creado exclusivamente para él-, con una frescura que lo hace impasible al transcurso del tiempo. Han pasado más de 15 años desde su estreno pero aún nos sigue emocionando, poniendo la carne de gallina. Quizá porque son tantos los temas universales que aborda que todos nos identificamos en ella en algún fragmento determinado en sus más de dos horas de duración -un tanto, eso sí, excesiva-. Y, cuando esto sucede, terminamos de entender que el cine no es un mero pasatiempo, una efímera forma de distracción… sino que hay películas que nos acompañarán en toda nuestra vida, forjando nuestro carácter y personalidad. Y Martín (Hache), sin duda, es una de ellas. 

Pd: el fragmento que pongo a continuación no sólo resume el espíritu de la película, sino que además es de las escenas cinematográficas más importantes de los últimos tiempos. Un minuto soberbio, lleno de lucidez. No podría ser más perfecto. 

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4 pensamientos en “Martín (Hache)

  1. Hace mucho tiempo un amigo me recomendó esta película, de inmediato busque información al respecto y los diálogos ,desde luego, me parecieron curiosos. Ayer la vi, luego de tanta espera, debo decir que es una película que la hicieron mucho con el corazon, cuida desde los dialogos hasta las expresiones, en palabras simples me la creo, pero eso no quita sus incosistencias de parte del guion, ya que la muerte de Cecilia me parece que esta de mas, no causa acierto ni hacia adelante ni hacia atrás, se hace lenta por partes pero las imágenes son tan a nuestro agrado que nos distrae la sensación de no hacer nada. El tema que toca se puede usar bien en el año 80 como en el 2040 facilmente, (espero equivocarme). De todo se aprende y creo que esta película cumple con dos cosas importantes, un guión con buenos diálogos y un cuidado en la dirección de arte . Interesante tu blog, me acabo de crear el mio solo para poder estar al pendiente de tus comentarios cinematográficos.
    Un saludo desde Lima.

    • Muchísimas gracias por tu comentario. Es un placer para mí que te guste mi blog y que puedas haber encontrado en él la crítica de una de mis películas favoritas: “Martin Hache”. Y creo que también es de las tuyas. El amigo que te la recomendó tiene muy buen gusto para el cine, porque estamos ante una de las obras hispanoamericanas más importantes de todos los tiempos. Comparto contigo su gran dirección de arte y sus trabajados diálogos, pero discreto en que la muerte de Cecilia me parece absolutamente necesaria para la trama: si no llega a morir no se hubiera experimentado el cambio de personalidad en Federico Luppi, es decir, no sería otra persona como finalmente ocurre. Es necesaria esta muerte, por triste que sea, para que él abra los ojos y se de cuenta que ha sido una persona indeseable.
      Me encantaría que me recomendaras películas, las analizaré con mucho gusto en este blog. Espero que me visites diariamente, o siempre que puedas. Ya sabes que TODOS los días encontrarás el análisis de una nueva película! Saludos desde España amigo!

  2. Pingback: De amor padre-hijo y viceversa. ¡Por Martín! Fuera la Hache | De Amor, Amantes y Amigos

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