Un viaje hacia la madurez

Hablar de Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001) es hablar del nuevo cine mexicano, ese nuevo concepto que nació en la década de los 90 bajo el cual se pretendía, a través de las películas, retratar la realidad social del país azteca. En este concepto ven la luz, además de la que hoy nos ocupa, películas tan representativas como La ley de Herodes (Luis Estrada, 1999) o Como agua para el chocolate (Alfonso Arau, 1992), dos títulos claves. Sin embargo, la película que terminó por consagrar al cine mexicano tuvo lugar a comienzos del nuevo siglo y es, precisamente, Y tu mamá tambiénUna cinta adulta, repleta de erotismo, convertida en todo un canto a la vida. Construye Cuarón un film que, bajo su engañosa capa de superficialidad y desenfreno, esconde algo mucho más importante: la huida de dos jóvenes de la realidad, su lucha constante por evadirse de un mundo que no comprenden; un mundo que aquí se nos muestra tal y como es: corrupto, violento y con abismales diferencias entre sus clases sociales. En este sentido, estamos ante una película social que muestra la cara más amarga del país, sin renunciar por ello a ofrecernos ese encanto que se respira en sus gentes, en sus costumbres y en sus bellos parajes.

Julio Zapata (Gael García Bernal) y Tenoch Iturbide (Diego Luna) son amigos desde la infancia y gozan de una buena posición económica. En una boda familiar conocerán a una mujer que cambiará sus vidas: Luisa Cortés (Maribel Verdú), diez años mayor que ellos. Los jóvenes, que tienen pensado hacer un viaje por carretera hacia la playa, invitan a Luisa a ir con ellos pero ella declina la invitación. Sin embargo, tras un problema personal, la española terminará aceptando la propuesta y el trío se embarcará en el viaje más apasionante -y más enriquecedor- de sus vidas; un viaje no exento de conflictos, pero que se convertirá en un continuo aprendizaje para los tres protagonistas, llegando a marcar sus vidas para siempre.

En su cuarto trabajo como director -y el más independiente, pues le precedían costosas producciones como La princesita (1995) o Grandes esperanzas (1998)- Cuarón desarrolló en Y tu mamá también algunas de las constantes que marcarían posteriormente su cine como el uso de los planos secuencia, que tan bien exploró en Hijos de los hombres (2006). En efecto, resulta del todo elogiable cómo el director construye la película gracias a unos arriesgadísimos planos secuencia, de varios minutos de duración, con los que logra involucrar al máximo al espectador en la trama. Asimismo, hace un extraordinario uso de la cámara al hombro, con un objetivo en permanente tensión. Estos detalles, junto con unas escenas de alto voltaje erótico -ya desde el primer minuto Cuarón va directo a la yugular, advirtiendo que no va a permitir concesiones para el espectador puritano-, convierten a Y tu mamá también en una cinta tan superlativa como reflexiva. A través de las vivencias de Julio, Tenoch y Luisa, se va construyendo una historia de desnudez en todos los sentidos, fumando, bebiendo, bañándose en la playa, conociendo gente nueva e incluso acostándose. Porque ese viaje en carretera -una road-movie en toda regla- simbolizará ese viaje hacia la madurez de los dos varones jóvenes, el paso de la adolescencia a la edad adulta. Y, en este sentido, el papel de la estupenda Maribel Verdú es determinante, pues será ella la que guíe a estos chicos inexpertos, llenando el vacío que impregna sus vidas de una manera que jamás olvidarán, al tiempo que ella también se ve beneficiada de esta experiencia.

También caracteriza a esta película, en la que todo momento se respira ese típico y castizo aire mexicano, su fortísima personalidad. Sin dejarse avasallar por complejos y tabúes, Cuarón marcó el rumbo a seguir en el cine mexicano desprendiéndose de cualquier atisbo de censura y construyendo una cinta abanderada de la libertad. En todos los sentidos. Algo a lo que contribuyeron en buena medida esas constantes escenas sexuales que son las que otorgan la fuerza necesaria al conjunto del film -que, para dar mayor sensación de realismo, se rodó cronológicamente, algo poco habitual en cine-. Y es que sí, estamos ante un film puramente sexual, pero sin caer en lo ordinario ni vulgar. Al revés: da gusto comprobar cómo una película con escenas tan explícitas puede resultar mucho más sofisticada y elegante que la mayoría de las cintas que se hacen hoy día. Además, sin estos fragmentos, el descorazonador final no hubiese sido el mismo. Un desenlace marcado por esa mítica frase de “nunca más se volverán a ver“, que supondrá el mayor punto de inflexión de la película y a través del cual la obra cobre un significado pleno. 

El guión, obra del hermano del director Carlos Cuarón y nominado al Oscar al Mejor Guión Original, es capaz de mostrar estados de ánimos de los personajes tan diferentes como la ira (la pelea entre ambos amigos en plena carretera, hecho que provoca que Luisa les abandone al grito de:  “Iros a tomar por culo! ¡A la mierda! […] ¿Quién me manda, coño? ¡Críate con crios y limpiarás pañales!”), la tristeza (esa maravillosa escena en la cabina telefónica de una Luisa hundida tras hablar con su ex pareja) o la esperanza, que es el sentimiento precisamente que mueve todo el film (y cuyo mayor exponente bien podría ser ese baile de Maribel Verdú, antológico), en el que también se hace un extraordinario uso de la voz en off -al que se le da un primerísimo primer plano, suprimiendo incluso el sonido ambiente-. Así, los hermanos Cuarón usan el recurso del narrador -el gran Daniel Giménez Cacho, que además protagonizó la ópera prima del director, Solo con tu pareja (1991) – como arma para contextualizar la historia, presentar a los personajes y dar profundidad a una trama que en todo momento aboga por el carpe diem 

Fue tal el impacto de la película, que hasta el propio Almodóvar se inspiró en ella para rodar La mala educación (2004). El manchego no sólo seleccionó a Giménez Cacho para darle el papel del cura pederasta, sino que eligió a Gael García Bernal, con el que imitó la famosa escena en la que el actor está buceando en la piscina. Es sólo un apunte del fenómeno social de una película a la que hay que enfrentarse exento de prejuicios, de cualquier idea preconcebida. Y, cuyo final, absolutamente indefinible, te desarma por completo. Y es ahí, justo ahí, cuando te percatas de que ya nada será lo mismo. De que esta película, en efecto, ha cambiado tu vida. 

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2 pensamientos en “Un viaje hacia la madurez

  1. ¿qué te puedo decir? que aun no he visto la peli entera pero después de leer tu comentario estoy deseando pillarla entera para descubrir todo lo que cuentas por aquí. Sigue así que vas muy bien. Un abrazo

  2. Gracias Mario! Por tu comentario y por tomarte la “molestia” en leer el análisis de la peli! Ya te dije que te la dejo cuando quieras, estoy deseando conocer tu opinión! A mí es una de las películas que más me gustan, desde luego. Me marcó mucho la primera vez que la vi. Otro abrazo para ti!

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