La aventura del Poseidón

Aunque pueda parecer que el género de catástrofes en el cine es un fenómeno reciente -sobre todo por el gran desarrollo de los efectos técnicos en la última década-, lo cierto es que ya viene de lejos. En los años 70, época en la que este tipo de cine vivió su edad de oro, tuvieron lugar algunas de las películas de supervivencia más recordadas de la historia, como es el caso de Aeropuerto (George Seaton, 1970) o El coloso en llamas (John Guillermin & Irwin Allen, 1974), sin olvidar, claro está, a la que se rodó entre ambas, considerada pionera en el cine de catástrofes acuáticas: La aventura del Poseidón (Ronald Neame, 1972). Es inevitable hablar de esta aventura en la que un lujoso transatlántico queda boca abajo por culpa de una gigantesca ola sin hacer referencia a Titanic (James Cameron, 1996), la película que no sólo mejoró la fórmula de la original, sino que además se vio beneficiada, además de por el poder visionario de su director, por el empleo de todos los efectos especiales habidos y por haber. Tampoco se debe olvidar mencionar el propio remake de este clásico de los setenta, Poseidón (Wolfgang Petersen, 2006) que, a pesar de añadir más espectacularidad al conjunto, no contiene ni la décima parte de talento y eficacia que la original.

La primera media hora, todo un prodigio de montaje, resulta tremendamente inquietante al mostrarnos alternativamente todo lo que va aconteciendo en la cabina de tripulación y en el salón comedor donde se celebra la fiesta de fin de año (“no me gusta el rumbo que está tomando esto… se avecina algo muy serio”, apunta acertado el capitán). También sirve para presentarnos, además de algunos de los elementos que tendrán un papel vital en la trama (como ese árbol gigantesco de navidad), a todos y cada uno de los personajes, y es aquí donde reside la principal diferencia con su remake estadounidense. Mientras que en Poseidón dedican a este hecho apenas unos minutos -para pasar rápidamente a la acción-, en La aventura de Poseidón el director se recrea en la vida del grupo de pasajeros que serán precisamente los que protagonicen esta huida hacia el exterior, sabiendo que para que el público empatice durante las dos horas de película con ellos es necesario que conozcamos sus aspectos más personajes (en este sentido el personaje de Belle, encarnado por una entrada en carnes Shelley Winters -galardonada con el Globo de Oro- es lo mejor de la película, así como una de las artífices de su tremendo éxito comercial).

Ganadora del Oscar a la Mejor Canción –The Morning After-, además de otras 8 nominaciones, y con música del maestro John Williams, en La aventura del Poseidón hace un pequeño papel un actor que, si bien en la época era casi un desconocido, luego se hizo tremendamente popular: Leslie Nielsen, como el capitán del barco. No obstante, el éxito de la película se debió principalmente a Gene Hackman que encarnó al reverendo Frank Scott. El actor se reveló como uno de los actores con más carisma y más aplaudidos por la crítica del momento, lo que le sirvió en su posterior carrera cinematográfica. Este hecho, el de que el protagonista del film sea un clérigo (que no será el único de a bordo), no es circunstancial ya que la película trata de introducir, en medio de ese clima axfisiante y claustrofóbico del film, temas tan trascendentales como la importancia de la vida (recordemos el cordón de oro de la señora Belle) o el hecho de enfrentarse, cara a cara, con la tragedia. En este sentido, cuando la galería de personajes principales del film deciden seguir su propio camino, dejando atrás al resto (un fragmento capital), se revela como la sociedad se puede dividir en dos grandes grupos: los que optan por la pasividad ante la adversidad y los que se deciden arriesgarse y hacerle frente. Un trasfondo filosófico que no hace sino sumar puntos a la película.

“El gran dios Poseidón es, en la mitología griega, el dios de los mares, el dios de las tormentas, tempestades, terremotos y otros cataclismos”, asegura el capitán del barco instantes antes de una catástrofe a la que harán frente un grupo muy variado -y eficaz- de personajes: el niño que todo lo sabe, el hombre conflictivo (Ernest Borgnine, genial), la pareja de ancianos, la mujer que no sabe nadar, etc. Una galería de roles que, si bien resta credibilidad a la cinta, resultan perfectamente estudiados para que la cinta no aburra jamás y nos mantenga expectantes de principio a fin. 

La aventura del Poseidón vino a demostrar que, incluso en materia de catástrofes, la inteligencia y el cuidado de un guión es mucho más importante -incluso- que los propios efectos especiales. Inspirada en hechos reales, esta adaptación de la novela de Paul Gallico destaca por su extraordinario manejo acerca de los sentimientos humanos por encima de cualquier otro aspecto, además de por una maravillosa puesta en escena, haciendo que el propio espectador se sienta, siempre, como un superviviente más. En definitiva, cine de entretenimiento en estado puro, un excelente ejercicio de evasión que marcó el camino a seguir para producciones posteriores y un título clave del cine de los 70. No se la pierdan.

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