Como los demás

En pleno Siglo XXI  resulta cada vez más incuestionable los nuevos modelos de familia que están arraigando en la sociedad. A pesar de los esfuerzos de determinados sectores por ocultarlos, de su incisiva manía de negar esta existencia, lo cierto es que se trata de una realidad cada vez más palpable e incontestable. Por eso, y porque aún existen países en donde estos derechos sociales no están recogidos por la ley, se hace necesaria la película Como los demás (Vincent Garenq, 2008). Esta sorpresa indie, que se convirtió en un pequeño éxito en su país de origen narra la historia de Emmanuel (Lambert Wilson) y Philippe (Pascal Elbé) una pareja de apariencia envidiable: viven juntos, triunfan en su trabajo, tienen una casa… pero todo se complica cuando el primero de ellos quiere ser padre, algo que ve con buenos ojos Philippe, que responde que “dos hombres no pueden formar ni tener una familia porque va contra natura”. Rompiendo su compromiso, Emmanuel, pediatra de profesión, se embarcará en la aventura que supone, en un país en el que vive desamparado legalmente, ser padre. Pero, ¿por dónde empezar?

De entrada, la película destaca por su valentía, máxime como, tal y como he recordado, en el país galo hablar de homosexualidad no está todavía visto con la normalidad con la que debería, a pesar de que la mayoría de franceses se muestran a favor de las uniones del mismo sexo. En este sentido, y es algo que hasta el más patriota francés deberá reconocer, España es una país más avanzado, circunstancia que la película aprovecha para hacer su particular auto-crítica, citando a nuestro país como ejemplo a seguir. Por su parte, el proceso al que se tendrá que enfrentar Emmanuel será largo y costoso; sufrirá el rechazo de algún miembro de su familia, deberá soportar las incómodas preguntas de sus sobrinos pequeños, así como los conflictos que le provocará el tercer vértice de una relación triangular: Fina (Pilar López de Ayala), una mujer con la que iniciará una particular relación y a la que propondrá como madre de alquiler. La labor de López de Ayala en esta película es soberbia, que incluso rodando en un idioma extranjero queda a la altura del resto del reparto, cuya función es también notable. También merece la pena subrayar el trabajo de la siempre magnífica Anne Brochet (Confidencias muy íntimas, 2006; El erizo, 2009…).

Tenemos ante nosotros una cinta amable -a veces, demasiado-, más inofensiva de lo que pudiera parecer, que aborda un tema sumamente complejo de una forma sutil, sin estridencias. Sin embargo, se muestra incapaz en determinados fragmentos de dotar a la historia de un mayor trasfondo social (es una pena que no ahonde más en los conflictos familiares), así como de evitar los incesantes tópicos que salpican el guión, propios de películas de esta temática (chica que se enamora de gay, por ejemplo). No obstante, a pesar de estos inconvenientes, el aroma final que deja el film es agradable, fresco, positivo, mientras pone sobre la mesa una realidad social de nuestro tiempo, en la que el director, ya desde el propio título -toda una declaración de intenciones- se muestra a favor, construyendo un relato en el que la balanza se inclina de parte de los protagonistas. Este es, ni más de menos, el propósito inicial con el que nació la película y, en este sentido, no es nada reprochable, máxime cuando Garenq no hace sino respaldarse en los más relevantes estudios científicos internacionales (Asociación Américana de Psiquiatría, la OMS, Academia Americana de Pediatría…), que apoyan sin fisuras estos nuevos modelos de familia a los que antes hacíamos referencia, destacando la ausencia de trastornos algunos en el menor al ser criado en una familia homoparental.

Previsible y entretenida a partes iguales, Como los demás se propone abordar un polémico tema en clave de típica comedia de enredo francesa, en la que los giros de guión se van sucediendo con divertidos resultados. Y, a pesar de su falta de garra y enganche, deja al trasluz su eficaz trasfondo social, ese conjunto de acciones cada cual más grotesca -la visita de la trabajadora social es genial- que los homosexuales deben hacer para poder adoptar en un país como Francia. En este sentido, hay que aplaudir a una película que planteó una temática prácticamente inédita en cine, a través de un muy buen sentido de la estética y una rebosante sofisticación típicamente francesa. No hay duda que Como los demás constituye una clara apuesta por limpiar todos los prejuicios que aún existen sobre un asunto que bien merecía ser llevado a la gran pantalla. ¿Se podría haber hecho mejor? Sí.  ¿Es una buena película? También. 

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