Scoop

Scoop (Woody Allen, 2006) se enmarca dentro de esa trilogía de películas que el cineasta, de manera seguida, rodó en Londres. Gran admirador del país, el director y guionista fue el responsable de la predecesora e inconmensurable Match Point (2005) y posteriormente filmó la fallida El sueño de Casandra (2007). Injustamente considerada una película menor del genio, esta comedia romántica aderezada con tintes de misterio y esoterismo, aborda temas tan universales como la preocupación por la muerte o esos momentos de la vida en los que la fuerza de los sentimientos es más fuerte que cualquier otra aspecto. En este sentido, la película se sustenta en ese principio que en el Siglo XVII hizo popular el filósofo Blas Pascal: “el corazón tiene razones que la razón no comprende”. O, al menos, es lo que define todo el entramado en el que se ve envuelta la estudiante de periodismo Sondra Pransky (Scarlett Johansson) cuando se enamora de un presunto homicida al que está investigando, el conocido como Asesino del Tarot. 

Cuando Sondra dejó su América natal y viajó hasta Gran Bretaña para visitar a unos amigos no podía imaginar que iba a ser la protagonista de una ola de crímenes que tiene en jaque al país. Junto al mago Splendini (Woody Allen), investigará a Peter Lyman (Hugh Jackman), el hijo de un famoso aristócrata británico, al que todas sus fuentes apuntan como el principal sospechoso. Y, aunque las evidencias cada vez se tornan más fuertes, la joven se resignará a pensar que el atractivo hombre, tan dulce como encantador, sea en realidad un asesino. Una historia que tiene como principales escenarios las majestuosas calles de Londres (hoteles, cafeterías…), que no disimulan que, detrás de cada plano en exteriores se esconde un amor confeso del director hacia el propio país, sacando en la película todo el jugo posible a unas localizaciones puramente sofisticadas, netamente londinenses. 

Apoyando su narración en la música clásica -de la que Allen se considera un gran admirador- destacan las piezas de El cascanueces y El lago de los cisnes, ambas de Tchaikovsky. En todo momento estas composiciones musicales realzan una acción que conjuga, de manera brillante, el misterio, la acción, el romance y el suspense. En este sentido conviene apuntar lo logrados que resultan los fragmentos de incertidumbre y tensión,  conseguidos a través de un montaje paralelo perfectamente diseñado y que consiguen mantener hipnotizado al espectador. Quizá, el ejemplo más nítido de esto lo constituye el paseo final en barca, ya antológico, y que será el comienzo del insospechado desenlace.

Rindiendo homenaje a uno de sus directores favoritos, Alfred Hitchcock (ese vaso de leche sostenido por Johansson, que recuerda a la mítica escena de las escaleras en Sospecha, 1941), este film de magnífica factura y excelente fotografía, también evoca a El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957), en lo referido a la predilección del director por los temas fantásticos y surrealistas y, sobre todo, en el personificación de la muerte. Aunque aquí este fúnebre personaje no reta a nadie a una partida de ajedrez, lo cierto es que Allen le otorga un primerísimo plano, siendo el encargado de abrir y cerrar la película.

Scoop nació con un terrible handicap y era el tener como predecesora a Match Point, también protagonizada por Scarlett Johansson -convertida en mujer fatal, un rol muy alejado de esta caracterización con gafas y aparato dental- y unánimemente considerada como una de las obras maestras más rotundas del cineasta. No obstante, aunque Scoop no contenga su genialidad, nadie puede negar que es una película fluida, por momentos axfisiante y con unos golpes de humor que recuperan al mejor Allen. Y es que, dicho sea de paso, el personaje que interpreta en la película, ese Splendini esperpéntico se convierte, gracias a su verborrea y ágiles diálogos, en uno de los más divertidos y desternillantes que ha dado toda su filmografía. “Es usted una mujer maravillosa, un orgullo para su raza, se lo digo de corazón”, repite sin cesar.

A ratos inverosímil -nadie, en su sano juicio, se va a pasar la noche con un presunto asesino- y con un humor, en ocasiones, demasiado infantil, Scoop volvió a demostrar que el prolífico cineasta no da síntomas de agotamiento ni de ausencia de lucidez. Woody Allen consigue, a lo largo de sus 90 minutos, un ejercicio de deliciosa comedia, puro entretenimiento y de imaginación desbordante. Una sucesión de rocambolescas situaciones que, como el propio Allen en el filme, consiguen engatusar al público y convertir en magia eso que llamamos cine.  

Anuncios

2 pensamientos en “Scoop

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s