Hable con ella

Póngase cómodos en sus butacas. Relájense. La obra de teatro está a punto de comenzar. Aunque quizá lo más apropiado sería acuñar el término película, a pesar de que en Hable con ella (Pedro Almodóvar, 2002), el manchego suba -literalmente- el telón y se sirva de la excusa de una función de teatro para empezar a contar su historia. Se inicia así una de las películas más vitalistas, poderosas e inclasificables del cineasta. Y es que, tras hacer iniciado con Todo sobre mi madre (1999) una extraordinaria etapa de madurez cinematográfica, Almodóvar volvió a sacar todo su torrente de creatividad y emoción, regalándonos una obra repleta de momentos antológicos y que invita al debate moral. 

Alicia (Leonor Watling, en un papel meramente físico), una estudiante de ballet, es la protagonista de esta revisión almodovariana –o lo que es lo mismo, moderna- del clásico de La bella durmiente, a la que sólo podrá despertar el beso de un apuesto príncipe. Lleva más de cuatro años postrada en la cama de un hospital, donde es atendida día y noche por Benigno (un Javier Cámara colosal), un enfermero que vive enamorado de ella en secreto. Paralelamente, se nos narra la historia de Marco (Darío Grandinetti), periodista de profesión y Lydia (Rosario Flores), una mujer torera a la que el joven querrá convertir en la estrella de su próximo reportaje. El destino hará que, tras una grave cogida, Lydia quede ingresada en el mismo hospital que Alicia, excusa que aprovechará el cineasta para provocar el acercamiento entre Marco y Benigno, en el que es uno de los mejores retratos de amistad masculina que se recuerden en cine. Se desmonta así el tópico de que Almodóvar sólo sabe dirigir a mujeres; como ya ocurriera en Matador (1986) o La ley del deseo (1987), el cineasta demuestra que sabe exprimir todas y cada de una de las emociones que los dos varones sienten a lo largo del film: angustia, soledad, desesperación o esperanza. Y locura, mucha locura. 

Pero, aunque la película esté protagonizada por dos hombres, las verdaderas almas de la película son esas dos almas femeninas en estado vegetativo, de las que se sirve el director para elaborar una compleja y desgranada estampa de la soledad masculina, del amor que aún se puede sentir hacia un ser humano cuyas funciones vitales están científicamente apagadas. En este sentido, Hable con ella es un profundo homenaje a la mujer. “El cerebro de la mujer es un misterio. Y, en este estado, todavía más”, acierta a decir Benigno, que en todo momento trata a Alicia como si estuviera realmente viva en una demostración de cómo -en ocasiones- el poder curativo del afecto es mucho más eficaz que la propia medicina. Sin embargo, mucho más cauto y empírico se muestra Marco, que no duda en aferrarse a la ciencia para afirmar: “El cerebro de Lydia está apagado, no concibe ideas ni sentimientos”, algo que no comparte en absoluto un Benigno que, esperanzado con casarse algún día con su enferma, recomienda a Marco: “Hable con ella”.  En este sentido, cabe destacar la valentía de un director que muestra aspectos tan controvertidos desde el punto de vista de la ética como es el abuso a una enferma casi terminal, aunque sea por amor. Y, por arte de magia, convierte lo deleznable en algo hermoso, llegándolo incluso a justificar. 

Conjugando elementos tan dispares como son las corridas de toros, el cine mudo -en un corto en blanco y negro de 7 minutos protagonizado por Paz Vega y Fele Martínez-, danza, ópera o un vibrante Currucucucú paloma de Caetano Veloso, el director deja de lado algunas de sus excentricidades y ocasionales excesos, y firma uno de sus mejores guiones, premiado con el Oscar.  En él juega con el tiempo narrativo a su antojo, abreviando la acción o dilatándola en el tiempo a través de la ralentización, todo con el fin de impregnar a su film de un esplendor sin límites, en donde hasta la escena de la violación está narrada con una sutileza y un simbolismo realmente abrumador. Gloro de oro a la Mejor Película Extranjera, Almodóvar prescinde en Hable con ella de José Luis Alcaine y, en su lugar, recurre a otro de los grandes de la fotografía como es Javier Aguirresarobe, mientras que Alberto Iglesias, otro habitual del director, compone una de sus partituras más recordadas. Junto al cuarteto protagonista, en la cinta desfilan una larga lista de secundarios de primera fila como son: Geraldine Chaplin, José Sancho, Chus Lampreave o Loles León. Precisamente de estas dos últimas Almodóvar se sirve para sacar su vena más gamberra e irreverente, esos tintes de humor surrealistas que ya tiñeron anteriores producciones como Mujeres al borde de un ataque de nervios (1987).

Obra amarga, repleta de simbolismo, Hable con ella supuso una nueva cima en la carrera de Almodóvar, que llegó a su cénit con Volver (2006). Se mire por donde se mire, es una obra genial. Genial resulta esa forma en la que, desde ese comienzo en el que ambos están sentados junto al otro en el teatro, el director nos muestra la conexión que se establecerá entre la vida de Marco y Benigno; genial ese universo masculino, ricamente explorado y no exento de dudas (la ambigüedad sexual del personaje de Javier Cámara); genial esa manera de lucir la desnudez femenina, alejándose de la gratuidad, el morbo o lo obsceno. Genial, pues, esta obra inmortal, un motivo más para sentirnos orgullosos de nuestro cine, que Hable con ella confirmó como uno de los mejores del mundo. Genial, Almodóvar. 

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2 pensamientos en “Hable con ella

  1. Hola Pablo,
    Como siempre desde que leo tus comentarios,te felicito por ellos, creo que aciertas en la mayoria de las observaciones que haces sobre la pelicula que comentas. En este caso , igualmente muy elaborada la descripción del contenido del film como de los elementos que rodean al mismo..además de mostrarnos tu especial admiración por Almodovar que queda demasiado de manifiesto..

    Sigo pensando que te extiendes demasiado…además de no ver nunca ningún aspecto negativo en la pelicula. Y personalmente yo creo que ésta película si los tiene para mi concretamente el ambiente familiar que pretende dar el director con los colores de la habitación , me parece que no se ajusta a la realidad, lamentablemente en la vida real cuando este tipo de vivencias se producen el tiempo va dilatando el trato humano, calido y caiñoso que en mi opinión aqui se exagera para convertirse lamentablemente en un ansiada espera del desenlace para romper la rutina afixiante ..

    Aunque reconozco que el guión es original y quizá el fin de la pelicula tambien, estoy segura que la mayoria de los telespectadores salen, agotados del ambiente monotono, sin ritmo y agobiante que finalmente produce la pelicula.

    Un saludo Pablo para ti y todos tus seguidores..

    • Buenas Mirenko (ya he aprendido a decir tu nombre en euskera, jeje), estoy totalmente de acuerdo contigo en tu comentario, debo aprender a ser un poco más conciso y no dejarme llevar en ocasiones por esa “pasión” que me producen ciertas películas que me hace algunas veces no ver algo negativo en ellas. Y hasta la mejor película del mundo tiene cosas negativas. Prometo que intentaré mejorar este aspecto.
      Respecto al guión de la película, es innegable que es original, hizo una historia que nadie hasta entonces había hecho y esa es la genialidad de Almodóvar. Quizá lo que indicas del “ambiente familiar” de la habitación sea totalmente cierto, pero digamos que como gran admirador del cineasta son “licencias” que le perdono… aunque sé que no debería! jaja Todo sea con el fin de transmitir su hermoso, vitalista mensaje.
      Me alegro mucho el haberte conocido, al igual que seas una seguidora del blog. Ya sabes que aquí tienes una “mini-casa” donde poder expresarte siempre que quieras y donde poder ofrecerme tus siempre (interesantes) propuestas. De hecho, hoy voy a subir la crítica de “Los idus de Marzo” gracias a ti. Gran película (y sí, con defectos, jaja).
      Un abrazo fuerte y nos vemos el martes sin falta. Besos.

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