Camarón

Era cuestión de tiempo que Camarón de la Isla, uno de los máximos renovadores del arte flamenco en España y el mejor cantaor de la historia de nuestro país (y probablemente del mundo), tuviese su propio biopic. Así, la película Camarón (Jaime Chávarri, 2005) nace pretendiendo hacer, en la medida de la posible y siempre desde la más profunda admiración y el homenaje, un fiel retrato de los aspectos más destacados de la vida de una leyenda vencida por un cáncer de pulmón a los 42 años (1950-1992)

En primer lugar hay que destacar la valentía del director porque cumplió con su cometido de una manera muy digna, y eso que era tarea cuanto menos engorrosa. Por un lado tenía que contentar a la gente que admiraba a este mito (amigos, fans…), y por otro, tuvo que hacer frente a las restricciones narrativas impuestas por la propia familia del cantante. Así, aspectos que marcaron la vida de Camarón como fueron las drogas (y que pasa de puntillas por la película, haciendo referencia tan sólo a su consumo de caballo o heroína en las páginas de un periódico) quedan en un segundo plano.

Esto es un arma de doble filo y da pie a un profundo debate. Cuando nos disponemos a analizar la vida y obra de una leyenda como es Camarón de la Isla, ¿hay que poner límites, aunque estos supongan ocultar al público aspectos tan significativos como pueden ser las verdaderas razones de su muerte? Habrá quien diga que sí y habrá quien diga que no. Lo que no parece discutible es que Jaime Chávarri ha huido del morbo y sensacionalismo dejando aparcadas las circunstancias más truculentas de la vida del cantaor. Un camino, impuesto o no, que destaca por su valentía; blanquear la vida de Camarón  puede que alguien lo considere manipulación, incluso poco fidedigno…pero Chávarri se centra más en sus éxitos personales y profesionales, que al fin y al cabo es por lo que hoy es recordado.

Hasta los aspectos más sutiles están tratados con la mayor de las delicadezas. Así, la forma que tiene el director que mostrarnos la enfermedad de Camarón es en la ducha, con una pulsera de oro que se le cae a constantemente de la muñeca, debido a su progresiva pérdida de peso. Quizá, si a otro director no le hubiesen impuesto ningún tipo de restricciones o se hubiese centrado más en el amarillismo, escenas de este tipo serían muy diferentes.

Junto con la impecable dirección de Jaime Chávarri (autor además del guión junto a Álvaro del Amo), si hay un papel artístico que sobresale en toda la película es, como no podía ser de otra forma, el de Camarón (Óscar Jaenada). El actor conquistó todos los premios habidos y por haber (Fotogramas de Plata, Goya, Unión de Actores…) por una interpretación absolutamente desgarrada, completamente entregada al servicio de la narración y de una verosimilitud apabullante. Esa forma de tocar las palmas, esa manera de mover la boca mientras finge cantar las versiones originales de algunos de los éxitos del artista… a veces el espectador confunde realidad y ficción y llega a pensar que el protagonista de la película no es otro que Camarón. El auténtico. En este sentido, tampoco sorprende los otros 2 Goya que ganó la película: Mejor Diseño de Vestuario y Mejor Maquillaje y Peluquería, porque su labor es soberbia.

En definitiva, todo es auténtico en esta película: su aire castizo, esa ambientación de la Cádiz natal del artista, la forma que tiene de presentarnos a un personaje lastrado por los remordimientos por no haber podido salvar la vida de su padre (el momento en el que Camarón niño intenta abrir la ventana para que entre un poco de aire a la habitación donde su padre se está asfixiando será decisivo el resto de sus días), absolutamente machista (“¿tú sabes cocinar?, ¿y guisar?”, es lo primero que le pregunta al conocer a la que será su mujer, Dolores)… y cómo no, las canciones. Porque la selección que hacen los responsables de Camarón, la película, dentro de una amplia discografía, es de lo más acertada. A lo largo de las dos horas de film podemos escuchar temas tan míticos como Volando Voy, La leyenda del tiempo, Como el agua, Soy Gitano o cantiñas como Barrio de Santa María, de un total de 18 canciones.

Podemos despirtarnos en la primera parte de la narración, donde se nos presenta a los personajes de una forma muy precipitada y a veces ignoramos quién es quién, o puede que nos resulten un tanto desconcertantes esas constantes transiciones de tiempo (de un segundo a otro han pasado 5 años), pero son licencias que el espectador más sensato debe perdonar al director, ya que ni al mejor cineasta de la historia le resulta fácil condensar en 120 minutos de metraje un total de 42 años de vida, de luces y sombras. Y más si esa vida que pretende reflejar es, nada menos, la de una leyenda como Camarón. Camarón de la Isla. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s