REBECA

“Anoche soñé que volvía a Manderlay…”

Con esta reveladora voz en off de una dulce mujer sobre un plano subjetivo que recorre un largo camino hasta una mansión da comienzo Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940), una de las películas más intrigantes y recordadas del cineasta. Auténtico prodigio de tensión narrativa, terror psicológico, su título hace referencia a una mujer… que jamás aparece en pantalla, aunque su presencia sea constante y palpable a lo largo de los 130 minutos del filmMaxim es un joven aristócrata inglés que, para recuperarse de la trágica muerte de su esposa a causa de un naufragio, la señora Rebeca de Winter, marcha a Montecarlo. Allí se enamorará de una joven dama de compañía, con la que contraerá matrimonio y marchará a vivir a Manderlay, la mansión de la infancia de Maxim, en la cual ha pasado toda su vida y donde Rebeca era la gran señora. Poco puede imaginar la joven (de la que no sabemos su nombre) que la sombra de la difunta mujer de su marido se interpondrá entre ellos… como si estuviera viva. Pero, ¿realmente lo está?  La protagonista deberá luchar contra un fantasma para que, por fin, pueda ocupar el lugar que le pertenece: la nueva dueña de Manderley.

Nunca en la historia del cine el recuerdo de una difunta había estado tan presente en una película. Porque Rebeca, en realidad, no está muerta; es una presencia continua en esa mansión de proporciones desorbitadas, muchos objetos de la misma todavía siguen llevando su inicial grabada (“R”) y sus retratos ilustran las majestuosas paredes. Circunstancias con las que deberá aprender a convivir la nueva esposa de Maxim, además de con la inquietante presencia de la señora Danvers, la ama de llaves del lugar (magistral Judith Anderson), que guarda un culto casi divino a la figura de Rebeca (“a veces oigo sus pasos, es como si estuviera aquí”, le dice a la nueva inquilina). Así, las muestras de desprecio y humillación a las que somete a la protagonista son constantes a lo largo del film (el momento de la fiesta de disfraces es quizá el máximo exponente); Danvers considera a la joven como una intrusa que quiere ocupar el lugar de Rebeca y hará todo lo posible por fulminarla. En este sentido, la escena final de la película es, además de una de las más recordadas de toda la filmografía de Hitchcock (a la altura de la aparición de la madre de Norman Bates en Psicosis), una de las más terroríficas. 

En un prodigioso blanco y negro y usando a Manderley (una laberíntica casa, llena de pasillos y puertas secretas) como un personaje más de la cinta, Hitchcock consigue hacer partícipe al espectador de la historia. No es de extrañar, pues, el constante uso de fundidos encadenados a los que recurre en el montaje, como queriendo que nos introduzcamos en la acción. Logramos así sentir la propia presencia de Rebeca mucho más que la de la propia protagonista, que pasa a ser el personaje secundario en la historia y que Hitchcock decidió que no tuviese ni nombre propio para que ocupase siempre un eterno segundo plano. Memorables son las escenas de la nueva señora de Winter adentrándose en la habitación de la difunta, observando su tocador, su cama, su vestidor… incluso Danvers llega a recrear con ella misma cómo peinaba a la difunta.

Cada fotograma de esta película es una obra de arte, una estampa inolvidable. Está dirigida con tanta maestría que aún hoy resulta abrumadora. La composición de los planos (cómo están colocados los actores, un decorado milimétricamente dispuesto…) es, sencillamente, insuperable. Algunos efectos especiales, que en su época fueron revolucionarios, pueden que hoy hayan quedado algo desfasados (los coches en circulación), pero otros como la escena final tienen más espectacularidad y estremece más que muchas de las escenas de filmes apocalípticos rodados en la actualidad, casi 70 años después. Se confirma una vez más que, por encima de un elevado presupuesto, lo que verdaderamente importa a la hora de dirigir es tener talento y una historia que contar. Los giros del guión se van sucediendo a lo largo de los 130 minutos de película (“pensabas que quería a Rebeca, ¿verdad? ¡pues no! ¡La odiaba!”, le espeta Maxim a su mujer) al igual que un gran trabajo de iluminación. Hitchcock juega como es habitual con las luces y sombras, logrando algo casi imposible: crear un ambiente claustrofóbico en una mansión de dimensiones colosales, jugando con el espectador mediante un clima asfixiante que él maneja con mano maestra.

¿Curiosidades?  El actor protagonista, casado por aquella época con Vivian Leigh, protagonista de Lo que el viento se llevó, quería a su mujer para el papel principal, por lo que le hizo la vida imposible a Joan Fontaine durante el rodaje. Además, debido al enorme éxito en España de la cinta, la RAE incluyó el término “rebeca” en su diccionario (haciendo referencia a la prenda de ropa que luce la protagonista), lo que refleja el impacto social que tuvo en su día (y en parte sigue teniendo) la película. Que Hitchcock no haya recibido ningún Oscar a la Mejor Dirección a lo largo de su carrera cuando ha sido, uno de los cineastas más geniales e influyentes en la historia del séptimo arte, es algo que ningún cinéfilo comprende. Con Rebeca consiguió el Oscar a la Mejor Película y a la Mejor Fotografía, de un total de 11 nominaciones (el Oscar a la Mejor Dirección fue para Las Uvas de la Ira, de John Ford). Pero ya está. Ni un sólo reconocimiento más al considerado maestro del suspense en su prolífica producción (a excepción del Oscar honorífico que recibió en 1968 y el BAFTA de reconocimiento en 1971). Esto es algo que hace aún más especial a Rebeca, una película de innegables méritos artísticos, basada en la novela homónima de Daphne Du Maurier y que fue, además, la primera película que rodó el británico en EE.UU (después de su éxito en Reino Unido) por un encargo del productor de Lo que el viento se llevó, David Selznick, con el que Hitchcock no mantenía muy buena relación debido a diferencias creativas.

A día de hoy, Rebeca es, junto a Psicosis, Crimen Perfecto o Los Pájaros, una de las grandes obras maestras del genio. Han pasado más de 70 años desde su estreno, sí, pero esa presencia aterradora, ese fantasma inquietante, esa misteriosa mujer que era Rebeca sigue aún estando muy viva entre nosotros. Una película que -como todas las de Hitchcock- deja huella. Completamente obligatoria. 

Anuncios

2 pensamientos en “REBECA

  1. ME GUSTA! también leí que Hitchcock aprovechó los problemas de Fontaine no solo con el protagonista, sino con más gente del equipo, y le hizo sentirse incómoda al respecto (en la realidad), para mostrar exactamente lo mismo en la película. Imagínate la pobre…
    ¡Ánimo pablito!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s