La gata sobre el tejado de zinc

“¡Estoy viva! ¡Tu amigo Skyper ha muerto y yo sigo viva!     ¡Maggie la Gata aún vive!”

Es el grito desesperado de Maggie (Elizabeth Taylor), una mujer que vive aferrada a un persistente intento de salvar su matrimonio y a volver a sacar a flote la pasión que un día, supuestamente, existió entre ella y Brick (Paul Newman). Pero Maggie la Gata sabe que no será tarea fácil, sobre todo después de la muerte de Skyper, el mejor amigo de su marido. Es entonces cuando Brick se refugia en la bebida para olvidar al que no sólo fue su compañero de aventuras, sino también su gran amor.

Elizabeth Taylor y Paul Newman, nos brindan en este clásico una de las mejores interpretaciones de sus carreras por la que ambos estuvieron nominados al Oscar; ambos encarnan a un matrimonio que más que frío, está gélido, hasta el punto de que él llega incluso a rechazar un vaso en el que ella ha bebido. Es tan sólo uno de la infinidad de desplantes a su propia esposa. Da igual que ella corra hacia sus brazos, que intente acariciarle, que le grite medio encolerizada… todos los intentos son en vano. Stick sólo pretende evadirse de la realidad, vivir aferrado a los recuerdos, pues ha perdido al que según sus propias palabras “ha sido como esta muleta que ahora llevo, mi principal apoyo en la vida”. Circunstancia mediante la cual tiene lugar uno de los fotogramas más míticos del cine: un Paul Newman junto a la ventana, sosteniendo un vaso de whisky y con la mirada perdida al horizonte, al infinito. Quizás lamentándose por no haber sabido arriesgarse en su momento por lo que sentía; quizá porque sabe que aunque esté rodeado de gente está más solo que nunca… o quizá preguntándose qué va a ser de su vida ahora que lo ha perdido todo.

La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958), basada en la otra teatral de Tennessee Williams, supone una reflexión sobre cómo el dinero puede sacar a relucir lo peor de un ser humano: la codicia, la ambición y la envidia, que a su vez pueden llegar a provocar hasta la destrucción de la propia familia. Cuando el patriarca del clan, Pollit (Burl Ives) se encuentra al borde de la muerte, se desata una auténtica lucha abanderada por su hijo Gooper y la esposa de este. Ambos aspiran a quedarse con todo el imperio de Pollit, dejando así a Brick, el otro hijo del patriarca, y a Maggie al margen. Pero para el ex locutor deportivo, que vive ahora con un vaso de alcohol en las manos y aferrado a un amor irrecuperable, el dinero ha dejado de tener importancia y no está dispuesto a luchar por la parte de herencia que le corresponde, para desesperación de su mujer.

Pero si hay algo destacable en una película logró 6 nominaciones a los Oscar (entre las que destaca Mejor Película y Mejor Director) es un guión de hierro (escrito por el propio director de la película en colaboración con James Poe), lleno de frases míticas y chispeantes diálogos.

“Mientras se siente el dolor, uno sabe que está vivo”

“Cómo puede salvar el que está ahogado a otro que se está ahogando también”

“Tu mano se ha hecho para sostener algo mejor que esa copa”

“Se puede ser joven sin tener dinero, pero no se puede ser viejo sin él”

“El fuego no se apaga con dejar de mirarlo”

Frases todas ellas dignas de admiración, que invitan a la reflexión a un espectador que descubre nuevos matices de la película con cada visionado. Porque La Gata sobre el tejado de zinc no sólo es una obra en la que te puedes recrear con la inmensa belleza de sus dos protagonistas, sino una película cuyas múltiples lecturas hacen de ella algo imprescindible. Una de sus escenas más destacables es la que transcurre en el sótano de la mansión, protagonizada por Stick y su autoritario progenitor. Unos minutos de gran carga emocional, en el que padre e hijo se desnudan sentimentalmente el uno al otro por primera vez. Él  acusa a su progenitor de que en toda su vida sólo le haya importado el dinero (hasta el punto de que llega a destrozar todos los bienes materiales que encuentra a su paso con su muleta),  a lo que el otro replica que todo lo hizo por el bien de su familia. Unos minutos, en definitiva, que constituyen un punto de inflexión para ambos y que provocan un giro final inesperado en la película.

Además de ser una obra en la que la gran mayoría de la acción transcurre en interiores, concretamente en la mansión de la familia, La gata sobre el tejado de zinc introdujo varios elementos transgresores y novedosos para la época. Entre ellos destaca la homosexualidad del protagonista (con desnudo incluido), hecho en el que en ningún momento a lo largo de la película se hace referencia de forma explícita, pero que sin duda es el detonante de todos los acontecimientos, junto con la inminente muerte del patriarca.  

Dos últimos apuntes: la censura vigiló muy de cerca la película debido a su gran carga de tensión sexual, y en España incluso se suprimió la palabra “caliente” del título original (La gata sobre el tejado de zinc caliente). Por otro lado, la ya de por sí admirable interpretación de Maggie por parte de Elizabeth Taylor, es aún mayor teniendo en cuenta que la actriz se quedó viuda, con tan sólo 26 años, los primeros días de rodaje. Pero este hecho no detuvo a este mito del cine, al contrario: se aprovechó de él para impregnar a su personaje de una fuerza y desgarro casi insólitos en la historia del séptimo arte. El inolvidable desgarro de Maggie la Gata.

Hoy tanto Paul Newman como Elizabeth Taylor descansan en el firmamento al que van a parar las grandes estrellas. Si alguien quiere recordar a estos dos mitos del cine, que vuelva a ver La gata sobre el tejado de zinc. Y que la vuelva a sentir. A amar. En definitiva, que la vuelva a vivir. Será, sin duda, el mejor homenaje a dos leyendas irrepetibles.

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7 pensamientos en “La gata sobre el tejado de zinc

  1. Me enamoré de Paul Newman en esta película. Jamás estuvo tan guapo.
    En serio, me gustó tantíiisimo en esta película, que la primera vez que la ví pase toda la noche con un cosquilleo en el estómago pensando en él.

    • me lo creo! ambos protagonistas salen insuperables… es tan difícil encontrar hoy día una pareja de actores de esa categoría, con un atractivo tan grande… supongo que todo es parte de la magia del cine clásico! 😀 me alegro que te guste el blog cariño!!

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