Un Dios Salvaje

La primera pregunta que me viene a la mente al salir de visionar la última cinta de Roman Polanskies: ¿cómo es posible que el mismo director de La Semilla del Diablo (1968) o Repulsión (1965) haya firmado una cinta tan, aparentemente, inofensiva?  Pero, efectivamente, ahí está el truco: sólo aparentemente. Porque Un Dios Salvaje, basada en la obra de teatro homónima de Yasmira Reza, es mucho más mordaz, crítica y retorcida (y a veces demasiado incisiva) de lo que a simple vista pudiese parecer…

Todo comienza con una simple reunión de padres en la apacible y acogedora vivienda neoyorkina de una de las parejas para hablar de una discusión entre sus hijos. Al principio todo es civilizado: las palabras, los gestos… hasta la decoración en sí, pero con el transcurso de la cinta, la situación se torna caótica: gritos, peleas y situaciones entre surrealistas y delirantes comienzan a impregnar la trama. En efecto, tal y como quiere dejar patente el director, muchas veces los adultos son menos resolutivos, ejemplificantes  y, por qué no decirlo, mucho más inmaduros que esos niños a los que, por cuestiones de edad, ignoramos. En esta película cambian las tornas: ¿no deberían ser los adultos quienes, en muchas ocasiones, aprendan de sus hijos? O una pregunta mucho más interesante: ¿no son los adultos, en ocasiones, mucho más críos que los propios críos?

Polanski se ríe de las miserias de su cuarteto protagonista (unos Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz y John. C. Reilly en estado de gracia) que, en medio de unas situaciones cada cual más esperpénticas, no hacen sino constituir una feroz y mordaz crítica a la sociedad en la que vivimos en general, y a la hipocresía de muchos adultos en particular. ¿Qué valores van a transmitir a sus hijos un matrimonio que es incapaz de solucionar un inofensivo malentendido entre niños con otra pareja?  Porque, aunque la conversación entre los cuatro comienza en torno a sus respectivos hijos, terminan sacando mil temas de conversación, uno más peliagudo que otro… y la situación en sí se convierte en una auténtica bomba de relojería. Todo, claro está viniendo de Polanski, perfectamente encuadrado, con objetos físicos milimétricamente situados (ese céntrico jarrón de flores amarillas constituye el único ser vivo “normal” de los todos allí presentes, además de añadir simbología al resultado final)  y con una muy eficaz dirección de actores que aprovechan hasta el extremo un espacio físico muy reducido.

La última obra del Polanski es, básicamente, un magnífico ejemplo de que se puede adaptar de manera magistral al cine una obra de teatro y, aunque algunos la han catalogado como una obra menor del director, no estoy en absoluto de acuerdo. El polaco, como decía, reafirma la idea que ya implantó en su día Hitchcock: con un sólo decorado, un solo escenario, basta para construir una de las mejores películas de su tiempo, manteniendo en vilo al espectador de principio y a fin. Y, claro está, apoyándose en un guión de hierro y un portentoso reparto que se muestra entre lo desquiciado y lo cómico. A veces eso es precisamente lo que puede desconcertar al espectador: a veces no sabes si reírte o no… porque la situación es delirante, sí, pero más seria de lo que parece.

Además de escenas memorables como la del vomitado y la del arrebato de Winslet con las flores amarillas, Un Dios Salvaje tiene otra gran virtud: no puedes quitarte la sonrisa (y muchas veces la risa) de la boca a lo largo de los apenas 80 minutos extraordinariamente bien aprovechados de la película. Polanski, que sigue la máxima lo bueno si breve dos veces bueno, no necesita más para construir una nueva obra maestra. Y, cuando termina el pase, sales del cine y la película permanece en tu retina, en tu conciencia y en tu corazón. Porque Un Dios Salvaje no es mero entretenimiento (el cine, en mi modesta opinión, siempre debe siempre aspirar a algo más), sino un perfecto retrato de nuestro tiempo. Algo ante lo que no podemos más que aplaudir. Y, por supuesto, reflexionar.

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6 pensamientos en “Un Dios Salvaje

  1. Estoy de acuerdo contigo. La gran moraleja de esta película es los padres pueden llegar ser peor que los niños. Por cierto una pregunta. Lo que no entiendo es porque se llama un dios salvaje, que tiene que ver con argumento de la película.

  2. yo tampoco lo entiendo muy bien, pero tiene que ver con la frase que le dice el marido de Kate Winslet a esta: “yo creo en un Dios Salvaje cuyas reglas no han sido cuestionadas desde tiempos inmemoriables”. De todas formas ya se sabe que los títulos al traducirlos al español pierden todo su significado…

    • Ayer vi esta película y acabo de leer la crítica.
      Quería añadir algo en lo referente al título, en la mayoría de las ocasiones no es el traductor quien elige el título sino la distribuidora por eso muchas veces no tiene mucho sentido, raro ¿no?

      Por cierto… me gustó la película, últimamente y de casualidad estoy viendo muchas películas de este director 😛

      • A mí también me gustó mucho la película, da qué pensar… sobre todo en cómo los adultos pueden ser más niños que los propios niños. Polanski es un director infravalorado y hay que reivindicarlo… sobre todo sus últimas películas. “Un dios salvaje” es una de las 10 mejores películas de la última década. Un saludo y gracias por el apunte de los de los títulos originales.

  3. “con un sólo decorado, un solo escenario, basta para construir una de las mejores películas de su tiempo, manteniendo en vilo al espectador de principio y a fin.”. Totalmente de acuerdo. la acabo de ver y me ha encantado!!

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