La habitación de Fermat

El terreno del thriller psicológico no está tan explotado como debería dentro del cine español. Es por ello que son especialmente bienvenidas propuestas como La habitación de Fermat (Luis Piedrahita & Rodrigo Sopeña, 2007), el debut en la dirección de estos dos amigos curtidos en el ámbito televisivo. El punto de partida de esta estimulante ópera prima, que se desarrolla en una claustrofóbica habitación en la que han sido citados cuatro brillantes matemáticos por alguien desconocido, bebe de clásicos como Diez Negritos, popular novela de Agatha Christie que cuenta con infinidad de adaptaciones cinematográficas, y de la mejor filmografía de Alfred Hitchcock como La soga (1948) o Crimen perfecto (1954), al tratarse de una película cuya acción se desarrolla en un único escenario. Sustentada en un notable quinteto protagonista  -Alejo Sauras, Elena Ballesteros, Lluís Homar, Santi Millán y Federico Luppi- la película nos sorprende, tras un breve prólogo, con unos de los más originales y trabajados títulos de crédito que nos ha ofrecido en mucho tiempo el cine español; no sólo supone minuto y medio de poesía audiovisual, sino que en ellos se introducen, además, sutiles pistas con las que poder averiguar quién es el malo de la función o, como apuntan ellos, “el lobo”. Porque estos personajes, una vez en el apartado lugar donde han sido reunidos,  descubren que todo ha sido una excusa para acabar con sus vidas. 

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